Jesús y la mujer
En los
Evangelios vemos a Jesús frecuentemente rodeado de mujeres: amigas entrañables
como María Magdalena o las hermanas Marta y María de Betania; seguidoras fieles
como Juana, Susana "y otras muchas": Mujeres enfermas y prostitutas
de aldea que se acercan...
De ningún profeta
se dice algo parecido. ¿Qué encontraban en él las mujeres? La respuesta que
ofrecen los relatos evangélicos es clara.
Jesús las mira
con ojos diferentes. Las trata con una ternura desconocida, defiende su
dignidad, las acoge como discípulas. Nadie las había tratado así. La gente las
veía como fuente de impureza ritual.
Rompiendo
tabúes y prejuicios, Jesús se acerca a ellas sin
temor
alguno, las acepta a su mesa y hasta se deja acariciar por una prostituta
agradecida.
¿Podríamos
decir entonces que el desarrollo integral de las mujeres es también una de las
grandes preocupaciones de los cristianos?
Sabemos que la
historia no siempre lo corrobora. Es más, durante siglos y aún hoy, las mujeres
han sido discriminadas en la Iglesia y en las sociedades que se reconocían
cristianas.
Sin embargo,
"El cristianismo puede aportar un profundo sentido de la justicia y de la
dignidad de la mujer y el inmenso caudal de creatividad y energía ética y
espiritual que proporciona una experiencia religiosa auténtica.
El
cristianismo nos recuerda que las raíces de la verdadera libertad están en la
libertad interior, en el saberse bendecida, en el amor a una misma que se
traduce en la compasión por todo lo viviente.
Hay una
libertad íntima y radical que nace de la vivencia del Evangelio y que ha
alimentado la lucha de muchas cristianas por sus derechos y libertades a lo
largo de la historia y lo sigue haciendo hoy."
Una nueva
concepción que está siendo configurada por los discursos y las prácticas de
muchas mujeres cristianas y de otras religiones.
Togo no es de los países con mayor Índice
de desigualdad de género, pero sí, el país con mayor diferencia de género en
Educación Secundaria (15,3 % de mujeres frente a 45,1 % de hombres que han
terminado este nivel educativo).
La pronta
incorporación de las niñas y adolescentes a las tareas domésticas, junto con
los matrimonios precoces, contribuyen a esta desigualdad.
En nuestra
oración, hoy tenemos presentes a todas las mujeres del mundo que sufren algún
tipo de discriminación y, especialmente, a las mujeres de Togo. Tomado de la campaña: los cuarenta días
con los cuarenta últimos:
La liturgia de
hoy rompe esquemas al presentarnos hoy un texto del Evangelio de San Juan,
dejando de lado el Evangelio de San Mateo, propio de este ciclo.
Es notable el
encuentro de Jesús con una mujer, samaritana y de conducta dudosa según los
criterios de la época. En el trato con ella se reflejan las actitudes que
mencionaba la campaña de los 40 días.
Jesús fatigado
y sediento, sin ningún reparo el pide de beber a la mujer samaritana. Ante el
rechazo de la mujer Jesús le ofrece agua viva.
Surge el
problema sobre el lugar del culto verdadero y Jesús le aclara que el culto a
Dios no está condicionado a un lugar específico, pero que los verdaderos
adoradores han de adorar a Dios en espíritu y en verdad.
Le declara que
el Mesías no es alguien que tenga una apariencia de grandeza, sino que es aquel
peregrino cansado y sediento.
Como resultado
de aquel encuentro, por el trato recibido de Jesús, la mujer se convierte en
una persona que habla de Jesús a todo el pueblo.
El encuentro
que tenemos cada semana con Jesús, el que dignifica a la mujer nos tiene que llevar
a valorar y respetar a toda mujer sin discriminación de raza, credo o estado
civil,
El encuentro
que tenemos cada semana con Jesús, el que dignifica a la mujer nos tiene que llevar
a apoyar a todas las mujeres para que vivan con dignidad y de modo particular a
enfrentar la escasez de agua.
El encuentro
que tenemos cada semana con Jesús, el que dignifica a la mujer nos tiene que llevar
a brindar apoyo a las organizaciones que promueven el desarrollo integral de la
mujer.
Marzo 22 2014
Cosme Carlos
Ríos
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