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martes, 3 de noviembre de 2015

En Octubre de 1983 en Concordia, Coahuila, se celebró un Encuentro Nacional de Comunidades eclesiales de base con el lema: “La Biblia vivida dará la libertad.
El equipo de Teólogos y Biblistas encargados de la iluminación del Encuentro, en una de sus reuniones propusieron la creación de un equipo que apoyara a las Comunidades en su lectura de la Biblia
Se lanzó la propuesta y así surgió BIPO (Biblistas populares)
Se decidió integrar un equipo con características propias.
Se tomo como
OBJETIVO:
Recoger la vida del pueblo
Con él leer la biblia y
Devolvérsela como instrumento de liberación
 (Según estos criterios)
Preparándonos personalmente y en equipo
Compartiendo y asesorando las diversas comunidades cristianas
Creando y multiplicando material
Creciendo en espíritu ecuménico

Al iniciar una nueva etapa creo conveniente mantener el espíritu pero aprovechando las nuevas tecnologías de modo que seamos una red de grupos diversos (Viudas, niños, jóvenes en situaciones críticas Personas en la cárcel, migrantes, estudiantes en el extranjero, luchadores sociales diversos).
El punto de unión es el respeto a las diferentes maneras de vivir la fé, la búsqueda sincera del proyecto de Dios y un método de lectura.
Los que han avanzado más en esto  definen así el método

A.    Partimos de un pretexto: Lo que está antes del texto: Nuestra realidad personal, grupal, comunitaria o social 
B.   En un contexto: Lo que está junto con el texto: Los que hacemos la lectura, la comunidad creyente
C.   Vamos al Texto: El libro, situándolo en su tiempo, en su lugar: En su realidad

D. Para volver a la vida y transformarla conforme al Proyecto del Reino de Dios

sábado, 31 de octubre de 2015

Vivir la santidad como ciudadanos conscientes y responsables

Estamos acostumbrados a ver a los santos como los superhéroes de la fe y por eso, el resto de los cristianos nos abstenemos de buscar la santidad.
Por otra parte, la Iglesia nos presenta una serie de modelos de santidad, pero para lograr estar en esa lista se requiere un proceso largo y complicado, que sólo pueden llevar a término, instituciones con muchos recursos

Tomamos la primera lectura de hoy del libro del Apocalipsis. Este libro fue escrito cerca del año 100 d. C. y se escribió para fortalecer en la fé y la esperanza, a cristianos perseguidos por seguir a Jesús y luchar en contra de la idolatría y del imperialismo romano.
El libro utiliza imágenes conocidas por los destinatarios, pero desconocidas para el resto. Las imágenes de terror expresan la situación que está viviendo el pueblo, mientras que las otras animan a continuar la lucha y la fidelidad
Hoy vemos la imagen del Cordero y de los 144, 000 con vestiduras blancas y palmas en la mano. El Cordero es la imagen de Jesús, muerto y resucitado.
El número 144, 000 es un número simbólico que representa la plenitud, se forma, multiplicando 12 por 12 por 1000 y representa a todos los que murieron y están en la presencia de Dios.
El ángel explica que los que llevan vestiduras blancas son los que vienen de la gran tribulación y han lavado y blanqueado sus vestiduras en la sangre del Cordero.
Lavar significa deshacerse de lo sucio, por ello estas personas se han deshecho de las ambiciones, injusticias, envidias, violencia etc.,  y por ello comparten la vida de Jesús.
Ellos, como Jesús, han derramado su sangre por la causa del Reino: un mundo de amor, de Justicia, de paz, de verdad; por eso están a su lado y le rinden honor.
Como ellos, el cristiano de hoy, tiene que purificarse, limpiarse de egoísmo, injusticias, ambiciones, violencia y buscar la santidad en el seguimiento de Jesucristo, luchando por un mundo fraterno, sin injusticias, donde se respeta la dignidad y los derechos de todos.
La beatificación de Don Oscar Arnulfo Romero nos muestra un camino nuevo para lograr la santidad: “Ser voz de los sin voz”, escuchar y defender la vida del pueblo con hechos.
El evangelio nos habla de las bienaventuranzas, según san Mateo.
Si nos fijamos, la promesa que se hace en la primera y en la octava, está en presente “El reino de los cielos les pertenece”, mientras que en las otras seis la promesa está en futuro.
Para evitar malentender la pobreza, lo más simple es entenderla como la vivió Jesús, que puede decir: “Las zorras tienen madrigueras, las aves del cielo nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza”
Las otras bienaventuranzas señalan caminos ciertos para alcanzar la santidad, para vivir como Dios quiere: Los que practican la mansedumbre, que evitan ser agresivos.
Dios ofrece su consuelo a los que sufren y lloran. Dios ve con agrado y sacia a todos aquellos que tienen anhelos de justica y tendrá misericordia de los que practican la misericordia. Dios recompensa a los limpios de corazón y los que construyen la paz.

Ser santos hoy, antes que nada, implica para nosotros, vivir la misericordia, tomando en cuenta que Jesús es el rostro misericordioso del Padre, y esto exige estar atentos a los distintos grupos que viven en la miseria.
Ser santos hoy,  implica para nosotros, una lucha incansable por la dignidad, la voz y los derechos de todas las personas, de todos los grupos, de todos los pueblos.
Ser santos hoy, implica para nosotros, ser constructores de paz con justica, en la casa, en la calle, en la escuela, en el trabajo, en la vida pública
Ser santos hoy, implica para nosotros, ser ciudadanos conscientes y responsables que respetan y exigen respeto a su dignidad y a sus derechos; personas que cumplen con su responsabilidad de construir un pueblo mejor.
Ser santos hoy,  implica para nosotros como ciudadanos, trabajar por el bien de nuestro pueblo, en lo económico, en lo ecológico, en el cuidado de nuestras calles y plazas y en el respeto para todos.
Octubre 31 del 2015

Cosme Carlos Ríos

sábado, 24 de octubre de 2015

Veamos y honremos al Padre en los hermanos

Hay muchas personas que reconocen y honran a Dios como Padre mediante el culto religioso, pero no logran ver a Dios en los hermanos, los demás hijos del Padre.
Por ello consideran que la economía, la educación y la política nada tienen que ver con el seguimiento de Jesucristo.
No logran entender que reconocer y respetar la dignidad de cada persona es un reconocimiento a Dios, nuestro Creador y Padre

El profeta Jeremías realizó su misión antes y después del exilio a Babilonia. Antes del exilio denunció la soberbia de la gente del palacio, de los militares y de los ricos.
Ellos consideraban que la dinastía de David era perenne, que la ciudad de Jerusalén era indestructible y el Templo inviolable. Sobre estas falsas seguridades enfrentaron a los babilonios.
Cuando sobrevino el exilio, Jeremías renunció a ir al exilio y se quedó con los pobres del campo; desde ahí sirvió de consuelo a los desterrados.
En este pasaje el profeta describe el retorno del Destierro. El retorno será completo, alcanzando aun a los más débiles físicamente y a los impedidos.
Ningún obstáculo se opondrá a la manifestación del poder liberador de Yahvé, que los guiará y asistirá paternalmente durante la travesía de retorno.
La caravana de los repatriados es inmensa. El profeta se complace en contemplar la muchedumbre que retorna.
Y contrapone dos situaciones históricas: Salieron entre llanto en otro tiempo camino del destierro, y ahora vuelven con consolaciones bajo la guía paternal de Yahvé, que dirige la repatriación.
El paso por el desierto lleva consigo el peligro de perecer de sed: pero esto no ocurrirá en el retorno de los exilados por el desierto, ya que Yahvé, que los guía personalmente, se encargará de llevarlos por senderos que lleven a los oasis y pozos que hay en las rutas de la estepa para los que las conocen.
Porque Yahvé es el Padre de Israel, que siente un afecto profundo hacia el pueblo que ha elegido y criado como hijo suyo.
El libro de Jeremías nos muestra un aspecto de la manifestación de Dios al que no estamos acostumbrados: la ternura.
Dios nos ama sin importar si vamos por la vida como ciegos o cojos, es decir, si a duras penas podemos caminar o si apenas vemos o presentimos por dónde vamos.
El proyecto de Yahvé es un proyecto de liberación, un proyecto de esperanza, un proyecto incluyente de los más débiles

Los evangelistas se valen de la imagen del camino para colocar ahí hechos y dichos de Jesús que ayudan a sus seguidores a ponerse en el camino.
En ese camino, Jesús va enseñando a sus seguidores, pero ellos todavía están ciegos, no entienden el proyecto de Jesús y pelean el poder como lo vimos el domingo anterior.
El texto de hoy ubica a Jesús a la salida de Jericó. En ese camino aparece un mendigo ciego que le da el título de “Jesús, hijo de David, y que le implora piedad.
La multitud, eufórica que acompaña a Jesús es incapaz de tomar en cuenta al mendigo y lo increpa para que se calle.
Jesús le pregunta que quiere de él. Y Bartimeo le dice “Señor, que pueda ver. Jesús le dice: “Véte, tu fé te ha salvado” y aquel que era mendigo pasa a ser un discípulo de Jesús.
El Reinado de Dios es hacer lo que el Padre quiere: Que construyamos un mundo de amor, de justicia, de paz y de verdad; por ello cambiar la situación de un mendigo ciego es estar construyendo el Reinado de Dios.


Ser discípulos de Jesús implica siempre ver la vida, los acontecimientos, los logros y los fracasos desde la ´´óptica del Reinado de Dios: “Un mundo de hermanos”.
Ser discípulos de Jesús, con la óptica de Jesús implica luchar y exigir que se respete la dignidad, los derechos y la voz de toda persona y sobre todo la voz de los ciudadanos conscientes.
Ser discípulos de Jesús nos lleva a honrar al Padre en el culto y en el encuentro con Él buscar luz y fuerza para defender la voz, la dignidad y los derechos de los ciudadanos
Cosme Carlos Ríos
Octubre 24 del 2015



sábado, 17 de octubre de 2015

Todos los bautizados somos enviados a la misión
Mostrando la misericordia de distintas formas
Estamos acostumbrados a pensar que la actividad misionera es obra sólo se algunas personas muy arriesgadas y comprometidas.
Acostumbramos pensar que la misión se dirige a personas o pueblos subdesarrollados. Y que el misionero es una persona sumamente preparada para anunciar el Evangelio.
No nos queda claro que vivir la misericordia es la forma más sencilla de ser misionero

El Domingo mundial de las misiones nos ofrece una oportunidad para clarificar nuestras ideas e impulsarnos a vivir como parte de una Iglesia misionera.
La palabra misión viene del latín y significa envío. Los evangelios nos presentan a Jesús como el primer enviado, el enviado del Padre.
Jesús comienza su misión en la Galilea, que en su tiempo era considerada tierra de paganos (La periferia).
 Jesús se presenta como el  que trae la Buena Noticia del Reinado de Dios. Jesús invita a cambiar de vida y de corazón.
En la sinagoga de Nazaret Jesús presenta su programa, se presenta como consagrado por el Espíritu del Señor para una misión.
En esta misión aparecen como destinatarios, los pobres, los ciegos, los oprimidos y los cautivos. (Nuevamente, los que viven en la periferia social)
En los últimos versos del Evangelio de San Mateo, Jesús envía a sus seguidores a que hagan que todos los pueblos se conviertan en discípulos del mismo Jesús.
Estos discípulos representan a la comunidad de seguidores de Jesús a la que hoy llamamos Iglesia.
El bautismo es el signo por el cual nos convertimos en discípulos de Jesucristo y miembros de la Iglesia y de esta manera participamos de la misión que Jesús confió a sus discípulos.
El bautismo es el Sacramento que nos iguala a todos al darnos la común dignidad de hijos de Dios, miembros de la Iglesia y partícipes de la misión. El Orden sacerdotal y los votos religiosos consagran para un aspecto específico en la misión.
Ser misionero es algo esencial a todos los bautizados, pero cada uno lo ha de realizar conforme a su propio estado de vida y a sus propias posibilidades.
La primer forma de ser misioneros es nuestro testimonio, nuestra forma de vida en la que, a ejemplo de Jesús nos esforzamos por vivir la misericordia.

Ser misioneros hoy, implica para nosotros, mostrar con hechos la misericordia, a las personas que vienen de lejos a acompañar a sus enfermos graves en los hospitales de nuestra ciudad.
Ser misioneros hoy, implica para nosotros hoy, mostrar la misericordia hacia los adictos, de distinto orden, teniendo para con ellos actitudes de respeto.
Ser misioneros hoy, implica para nosotros hoy, mostrar la misericordia  y respeto para con las personas que se encuentran en nuestras prisiones, con frecuencia inocentes
Ser misioneros hoy, implica para nosotros, a ejemplo del Papa Francisco, organizarnos para ofrecer cada semana una comida caliente a las personas que viven en la calle, o no tienen qué comer o quién les prepare algo caliente, sobre todos los niños vecinos, cuyas mamás trabajan
Cosme Carlos Ríos

Octubre 17 del 2015

sábado, 10 de octubre de 2015

Construyamos la hermandad
Seamos solidarios, evitemos la acumulación

1.300 millones de pobres viven en el mundo, según estimaciones del Banco Mundial.
Los 20 países más pobres del mundo se encuentran en el continente africano, encabezados por Ruanda, Guinea, Bénin, Tanzania, Costa de Marfil, Zambia, Malawi, Angola y Chad.
La pobreza es una situación en que una persona no tiene acceso a los recursos básicos: trabajo, alimentos, vivienda...

 La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, expresa la preferencia de la Sabiduría frente a todos los bienes de la tierra.
El sabio pone en la plegaria de Salomón la superioridad de los valores espirituales sobre los materiales, supeditándolos todos al don de la sabiduría y la prudencia para el gobierno de su pueblo.
El evangelio  nos dice que: Para seguir a Jesús hay que aceptar algunas exigen­cias.
Para Jesús, la causa de la desgracia y el sufri­miento de los pobres y de los humillados está en los ricos y poderosos: Dios no hace pobres a los pobres y ricos a los ricos.
Son los que se enriquecen, los que, al acumular lo que a otros les falta, empobrecen a la mayoría
En 1979 los Obispos de América latina, al analizar el fenómeno de la pobreza declaran que esto no es una etapa casual sino el producto de situaciones económicas, sociales y políticas  que por estar impregnadas de materialismo producen ricos cada vez más ricos, a costa de pobres cada vez más pobres (Documento de Puebla # 30
Cuando Jesús invita a alguien a unirse a él, lo está invitando a incorporarse a la tarea de construir el reino de Dios, y el reino de Dios no es otra cosa que una nueva manera de convivencia humanas según el plan de Dios, una convivencia basada en la justicia, en la igualdad, en el servicio por amor.
Y no se puede construir la justicia desde la riqueza, que es efecto y causa de injusticias.
Hay que tener muy claro en qué consiste el reino de Dios. Los que están interesados en que las cosas no cambien aquí abajo se han empeñado en identificar el reino de Dios con «el cielo», mandándolo todo a la otra vida, a la otra historia, al otro mundo.
Pero, según el evangelio, el proyecto de Dios que Jesús nos da a conocer es, primero, para este tiempo. El reino de Dios es, primero, este mundo organizado según el plan de Dios.
Jesús viene a enseñarnos el método para hacer de este mundo un mundo feliz; Jesús viene a enseñarnos a cambiar este mun­do en un mundo de hermanos.
La opción por la pobreza o, lo que es lo mismo, la renuncia a la riqueza, no es una virtud con la que conseguir méritos para el cielo; es una opción cuyo objetivo es cambiar la situación de sufri­miento de los pobres y oprimidos de la tierra por otra situación en la que nadie sufra, en la que a nadie le falte nada.
Lo que Dios quiere no es que repartamos el sufrimiento, que compar­tamos la miseria, sino que construyamos un mundo en el que todos gocemos del amor  y de los bienes de la tierra. Y todos iguales, sin primeros ni últimos.
Sólo podemos entender la persona, la palabra y la propuesta de Jesús si partimos de que Dios es un Padre misericordioso
En la oración, Jesús nos enseñó a llamar a Jesús Padre nuestro y por lo mismo un padre que nos incluye a todos y que quiere que construyamos la hermandad.
Las Buenas Noticias de Jesús tienen como privilegiados a los que se encuentran en las periferias, como podemos constatar en las Bienaventuranzas y en el programa que Jesús presenta en la sinagoga de Nazaret. Los que se encuentran en las periferias son señal de que no vivimos la hermandad querida por Dios.
La denuncia de Jesús contra los que acumulan la riqueza tiene como punto de partida el que se con ello se rompe la hermandad porque mientras unos tienen de más, otros carecen de lo necesario.
La acción de Jesús que vive la hermandad, privilegia siempre a las personas que viven en situaciones de periferia: Los leprosos, los poseídos de espíritus inmundos, los ciegos, los sordos, los paralíticos, las mujeres, los niños…

Siguiendo la recomendación de Jesús seamos hermanos evitando la acumulación de bienes y de poder porque otros hermanos necesitan lo que nosotros tenemos de más
Escuchando a Jesús, busquemos información sobre la situación de los más pobres de nuestro país y de las causas concretas que producen ese mal
Tomando en cuenta a las personas que viven en las periferias de nuestra ciudad, como ciudadanos creyentes, busquemos los caminos, la organización para que ningún hermano de nuestro entorno carezca de lo necesario para una vida digna
Octubre 10 del 2015
Cosme Carlos Ríos






sábado, 26 de septiembre de 2015

Orientemos al pueblo, ayudémoslo a tomar conciencia y a Organizarse junto con los que luchan en defensa
De la vida, de la libertad y de la dignidad humana

En un mundo individualista y consumista hacen falta líderes comunitarios que concienticen, orienten y organicen al pueblo para que todos tengamos una vida digna, de calidad.
Es frecuente que los líderes religiosos y los luchadores sociales caigamos en la tentación de creernos los únicos que luchamos en defensa de la vida, de la dignidad y de los derechos de las personas
De ahí nacen actitudes celosas y excluyentes

El capítulo 11 del libro de los Números nos da cuenta de las etapas de la marcha por el desierto; la narración se centra en una dificultad que tiene el pueblo: llevan varios meses comiendo maná.
Ya están hastiados y les viene la tentación de retroceder, de abandonar el proyecto de liberación, añorando el tiempo de abundancia de comida en Egipto.
 Moisés se encuentra en graves aprietos: ¿cómo hacer para que el pueblo no siga pensando en el pasado que trae a la mente la abundancia, pero que es esclavitud?  y
¿Cómo ayudar al pueblo a tomar conciencia de que es importante y posible el proyecto de vida y libertad que Yahvé les ha prometido, pero que pasa por el desierto, con poca comida, casi sin agua y plagado de animales peligrosos?
Detrás está Egipto, con su abundancia, pero también con su esclavitud. Hacia delante está la tierra prometida, una tierra de libertad, de vida digna, pero que hay que conquistar con esfuerzo.
La solución que plantea Yahvé es: reunir setenta representantes del pueblo para repartir entre ellos el espíritu que estaba en Moisés.
De esa manera la dirección, orientación y concientización del pueblo sería obligación de muchos y no sólo de Moisés.
El espíritu que se dona a estas personas está  orientado a ayudar al pueblo a tomar más y más conciencia del plan de Dios con ellos:
Entender que Egipto y su abundancia representan el proyecto de muerte y esclavitud contrario a la voluntad de Yahvé y que el desierto desafiante y mortal, es indispensable, pero al fin y al cabo, necesario para poder llegar a la tierra de la libertad.
En su trabajo por la construcción del Reinado de Dios, Jesús ha emprendido una ardua lucha contra los demonios  es decir: "Las fuerzas ocultas que causan grave daño a la persona”
Los especialistas consideran que se refiere Cuando en el Evangelio de demonios   se está refiriendo a un modelo de pensamiento y de acción que daña a la persona; podemos pensar en el pensamiento del imperio romano que esclaviza y deshumaniza.
Además de Jesús hay otras personas que luchan contra el modelo esclavista y deshumanizador;  pero los discípulos de Jesús, y su vocero Juan, celosos, prohíben a una persona que lucha contra la deshumanización que continúe luchando
Jesús replica: “No se lo impidan. Aquel que haga un milagro en mi nombre no puede luego hablar mal de mí. Quien no está contra nosotros, está a nuestro favor”
El criterio para construir el Reino de Dios, no es, si pertenece o no a nuestro grupo, sino si lucha en defensa de la vida, de la dignidad y de los derechos humanos.

Hoy, como ayer es importante que nos demos cuenta de que una tarea para construir el Reino de Dios es orientar, concientizar y organizar al pueblo para defender la vida y la dignidad humana
Esto nos obliga a conocer más a fondo el proyecto de Jesús: el significado y las implicaciones del reinado de Dios.
Nos obliga a estar al lado de los que viven situaciones inhumanas y de esclavitud, para ayudarlos a tomar conciencia de las causas y encontrar las formas de organizarse en defensa de la vida y la libertad.
En vez de descartar a los que luchan desde otra trinchera, buscarlos, descubrir lo que tenemos en común y crear ligas que luchen contra la deshumanización y contra la esclavitud y defiendan la vida
Cosme Carlos Ríos
Septiembre 26 del 2015

NOTA Nos ayudaría a entender el significado del diablo, de los demonios, de los espíritus inmundos, consultar un buen diccionario bíblico como podría ser el de Xavier León Dufour



sábado, 12 de septiembre de 2015

Construir el Reino sirviendo y renunciando al triunfalismo

Una tentación permanente para los cristianos, para los grupos creyentes y para las Iglesias, es trabajar por el Reino de Dios buscando el éxito, el triunfo y no el servicio.
Esto nos lleva a valorar las grandes personalidades, los grandes acontecimientos, las liturgias esplendorosas, los lugares más impresionantes y no valoramos de igual manera al mendigo, al migrante.
Rendimos culto a Dios en las personalidades, en los actos solemnes, pero ignoramos la principal imagen de Dios que se refleja en el indígena, el campesino, el ser humano en desgracia.

El profeta Isaías nos enseña que el camino de la justicia, de la misericordia y la solidaridad no es un idílico sendero tapizado de rosas.
La persona que opta por la verdad y la equidad debe prepararse al rechazo más rotundo e, incluso, a una muerte ignominiosa.
Basta leer cualquier página del evangelio para verificar que ésta es la realidad de Jesús, su opción y su camino.
Para Jesús y sus acompañantes el camino a Jerusalén estaba plagado de dificultades, incertidumbres y ambigüedades. Una de ellas, era la incapacidad del grupo de discípulos para reconocer la identidad de Jesús.
 Aunque él había demostrado a lo largo del camino que su interés no era el poder, en todas sus variedades, sino el servicio, en todas sus posibilidades, sin embargo, sus seguidores se empeñaban en hacerse una imagen triunfalista de su Maestro.
A Pedro le parece una barbaridad que Jesús diga que va a ser rechazado, perseguido y llevado a la muerte por los dirigentes del pueblo, senadores, sumos sacerdotes y letrados.
No es ése el camino que debía seguir el mesías según las tradiciones que ellos habían recibido; al contrario: el camino del descendiente de David debía ser el del triunfo y la gloria para sí y para el pueblo que Dios se había elegido en propiedad.
 Jesús, entonces, debe recurrir a duras palabras para poner en evidencia la falta de visión de quienes lo seguían.
Pedro sigue aferrado a la ideología del caudillo nacionalista o del líder religioso y no descubre en Jesús al «siervo sufriente» que anunció el profeta Isaías.
Ninguno de los discípulos está de acuerdo con Jesús, aunque él esté realizando la voluntad del Padre. En medio de esta crisis del grupo de discípulos, Jesús decide continuar el camino y tratar de enderezar la mentalidad de sus discípulos.
El anuncio que Jesús hace de las dificultades que van a venir, la debe ser tomado siempre como una consecuencia inevitable, no como algo buscado... Jesús no buscó la Cruz, ni debemos buscarla nosotros.

Buscar el reino de Dios con Jesús y como Jesús significa para nosotros hoy, renunciar a buscarlo por el camino del triunfo, renunciar a buscarlo por el camino del poder que oprime, y renunciar a buscarlo por camino de la riqueza que discrimina.
Buscar el reino de Dios con Jesús y como Jesús significa para nosotros hoy buscar el rostro de Jesús en el rostro de los más desamparados.
 En El documento de Puebla y en el de Aparecida, los Obispos nos ofrecen una lista de los rostros sufrientes de Jesucristo hoy (Documento de Puebla del número 32 al 39, Documento de Aparecida del número 407 al 430)
Pero no basta contemplar, hay que interpelarnos para descubrir cuál de esos grupos es el que más reclama nuestro servicio y buscar con otros creyentes la manera de atender estas situaciones procurando ir a las causas
Tenemos que comenzar por lo que tenemos más cerca, los más débiles que están en nuestro entorno y promover la organización participativa con objetivos claros y metas realizables

Septiembre 12 del 2015
Cosme Carlos Ríos