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sábado, 6 de agosto de 2016

Atentos a los signos de los tiempos



En el trabajo pastoral con frecuencia no tomamos en cuenta que nuestra actividad sea respuesta a las necesidades de la comunidad y con frecuencia, no tenemos claro lo que queremos lograr.
Esto nos pone en riesgo de hacer lo que nos gusta, lo que queremos, (ciertamente algo bueno), pero que no necesariamente es lo que Dios quiere que hagamos aquí y ahora.

En el libro de la Sabiduría, la sabiduría ocupa una posición altísima, mientras que la justicia atraviesa el libro de punta a punta: justicia, injusticia, justos e injustos, juicio.
El autor es anónimo. Es muy probable que haya vivido en Alejandría. La fecha de composición hacia fines del siglo I a. C. Es cronológicamente el último libro del Antiguo Testamento.
El libro de la Sabiduría es el más importante tratado de «teología política» del Antiguo Testamento. Podemos decir que es un tratado sobre la justicia en el gobierno, con argumentación teológica y orientación doctrinal.
Los israelitas, oprimidos en Egipto, experimentaron que el Señor era su salvador la noche en que murieron los primogénitos de los egipcios.
Por eso aquella noche tuvo una significación trascendental para la historia de los hebreos. Les recordaba las promesas que Dios había hecho a sus padres; que desde entonces Israel fue un pueblo libre y consagrado al Señor.
La primera cena del cordero pascual sirve de modelo a lo que había de ser centro de la vida religiosa y cultural.
La participación en un mismo sacrificio simbolizaba la unión solidaria de un pueblo en un destino común. La celebración pascual recuerda que Dios no cesa de elegir a su pueblo entre los justos y de castigar a los impíos.
El verdadero sabio en la Biblia es el que se esfuerza por conocer la voluntad de Dios, la saborea y la disfruta: en el caso presente el proyecto solidario de obtener la libertad y la Tierra prometida
El Evangelio nos hace ver que los discípulos deben estar en vela y preparados para la venida de Jesús, cuya hora nadie conoce.
Nos lo ilustra con la imagen de un criado que aguarda a su señor, que ha de volver de un banquete de bodas a alguna hora de la noche.
Cuando llame el señor, deberá estar ya el criado a la puerta para abrir, dejar pasar y conducir al señor a su casa.
Para esto está allí el criado y lleva la túnica recogida; como cuando se está de camino, se trabaja o se combate, tiene ceñida la cintura y sostiene en la mano una lámpara encendida.
Si no llevase la túnica recogida no podría ir prontamente a la puerta, y si tuviera que ir primero a buscar la lámpara y encenderla, pondría de mal humor a su señor.
Esto, aplicado al discípulo, significa que a cada momento debe estar equipado moralmente de tal forma que pueda inmediatamente acudir a la llamada del Señor cuando lo llame
El discípulo que está pronto es felicitado, es llamado dichoso por Jesús. Entre dos bienaventuranzas se expresan los bienes que aguardan al siervo que está siempre en vela, incansable y fiel. El Señor le servirá a la mesa
Se cambia por completo la situación: el siervo es señor, y el Señor es siervo. Dios hace participar de su gloria a los que velan.

Para ser cristianos sabios tenemos que esforzarnos por conocer, saborear y disfrutar la voluntad de Jesús, realizada en el servicio a los hermanos más necesitados
Para vivir el Evangelio de hoy que nos pide estar vigilantes tenemos que estar atentos a las señales que Dios nos está dando; podemos descubrirlas en las necesidades que tienen los hermanos, en los problemas de nuestro mundo.
Para ser servidores sabios tenemos que hacerlo con objetivos claros, definiendo lo que queremos lograr y buscando la mejor manera de organizaros para lograrlo.
¡Tierra, Techo y Trabajo son derechos sagrados!
¡Ningún trabajador sin derechos!
¡Ninguna familia sin viviendas!
¡Ningún campesino sin tierra!
¡Ningún pueblo sin territorio!

Agosto 06 del 2016
Cosme Carlos Ríos






sábado, 30 de julio de 2016

DIOS CREÓ TODAS LAS COSAS PARA QUE TODOS SUS HIJOS TENGAMOS UNA VIDA DIGNA



La crisis económica que estamos sufriendo es una «crisis de ambición»: los países ricos, de los grandes bancos, de los poderosos de la tierra.
Su sueño es acumular bienestar sin límite alguno y se olvidan cada vez más a los que se hunden en la pobreza y el hambre.
Pero, esta crisis no es una más. Esta crisis es un «signo de los tiempos» que hemos de leer a la luz del evangelio. El sistema económico en que nos movemos está fundado en la ganancia, en la productividad, en la eficacia, ajeno a la justicia y a la solidaridad y eso puede constituir nuestra ruina

Tomamos hoy la primera lectura del libro del Eclesiastés
El autor de este Libro es un "Sabio" de mediados del siglo III a. C. El tono dominante del Eclesiastés es más bien sombrío y pesimista. En él se van exponiendo las reflexiones y las actitudes de un hombre a partir de su experiencia personal.
Esa experiencia le ha hecho descubrir la caducidad de la vida y la aparente inutilidad de todas las cosas, llevándolo a una amarga convicción: "¡Vanidad, pura vanidad! ¡Nada más que vanidad! ¿Qué provecho saca el hombre de todo el esfuerzo que realiza bajo el sol?".
Este Sabio comprueba que nada de lo que tradicionalmente era considerado una retribución por el cumplimiento de la Ley puede satisfacer plenamente al corazón humano.
El amor, los placeres, las riquezas y la gloria no dejan más que vacío y desencanto. La misma sabiduría está acompañada de aflicción. Para colmo de males, muchas veces los necios oprimen a los sabios. Más aún, "¡el sabio muere igual que el necio!"
Lo único que vale la pena es gozar moderadamente de las alegrías y de los pocos bienes que Dios pone a nuestro alcance.
La creación, grande y hermosa, es el patrimonio que el Padre Dios croó para que todos sus hijos, viviendo la laboriosidad y distribuyendo con justicia los bienes y responsabilidades, tengamos vida digna.,

E. protagonista del Evangelio en esta parábola es un terrateniente: Uno de los hombres poderosos que explotaban sin piedad a los campesinos, pensando solo en aumentar su bienestar.
Sorprendido por una cosecha que desborda sus expectativas, el rico propietario se pone a reflexionar: « ¿Qué haré?». Habla consigo mismo.
No se da cuenta de que vive encerrado en sí mismo, prisionero de una lógica que lo deshumaniza vaciándolo de toda dignidad. Solo vive para acumular, almacenar y aumentar su bienestar material.
De pronto, Jesús hace intervenir al mismo Dios. «Necio, esta noche te van a exigir la vida. Lo que has acumulado, ¿de quién será?». Esta es la sentencia de Dios: la vida de este rico es un fracaso y una insensatez.
Acumula bienes, pero no conoce la amistad, el amor generoso, la alegría ni la solidaridad. No sabe dar ni compartir, solo acaparar.
Nunca superaremos nuestras crisis económicas sin luchar por un cambio profundo de nuestro estilo de vida: hemos de vivir de manera más austera; hemos de compartir más nuestro bienestar.

Vivir el evangelio de hoy implica para nosotros cambiar nuestro estilo de vida haciendo a un lado el lujo y la ostentación.
Vivir el evangelio de hoy implica para nosotros están al pendiente de las personas que pasan necesidad y unirnos a otros para compartir con ellos lo que Dios nos ha dado y resolver sus necesidades,
Vivir el evangelio de hoy implica para nosotros respetar y proteger los bienes de la creación, obra de nuestro Padre.
Vivir el evangelio de hoy implica para nosotros tomar conciencia de que la acumulación, el derroche y el lujo, apartan del plan del Padre.
Vivir el evangelio de hoy implica para nosotros buscar los caminos para una justa distribución de los bienes de la creación.

Julio 30 del 2016
Cosme Carlos Ríos



sábado, 23 de julio de 2016

ORAR COMO JESÚS



Estamos acostumbrados a recitar oraciones, más que a entablar un diálogo de amor con Dios.
Por costumbres que hemos recibido desde el primer Testamento vemos a Dios como alguien distante y nos hace falta la confianza con Dios que muestra Abraham.
Muchas personas hacen oraciones chantajistas pidiéndole cosas a cambio de hacer obras buenas.

En la lectura del Génesis que leemos hoy se entabla un diálogo familiar entre Dios y Abraham. Dios manifiesta a Abraham la grandeza del pecado de Sodoma y su plan destruir la ciudad.
Abraham, al más puro estilo judío, regatea con Dios intercediendo por los habitantes de Sodoma. Sobresale la insistencia con que Abraham se dirige a Dios.

 Al enseñar a sus discípulos la oración del Padrenuestro, Jesús se apartó de las costumbres religiosas de su pueblo y de su tiempo.
Las oraciones que rezaban los israelitas se recitaban en hebreo, El Padrenuestro es, en cambio, una oración en arameo, la lengua que hablaba la gente.
Jesús llamó a Dios “Abba” y enseñó a sus amigos a invocar a Dios con esta palabra tan familiar de la lengua aramea. “Abba” significa papá, papaíto, que son las palabras de los primeros balbuceos infantiles.
Para los contemporáneos de Jesús era inconcebible e irrespetuoso dirigirse a Dios con tanta espontaneidad.
De esta manera, Jesús sacó la oración del ambiente litúrgico y sagrado en donde la había colocado la tradición de Israel, para situarla en el marco de lo cotidiano.
En toda la extensa literatura de oraciones del judaísmo antiguo no se encuentra ni un solo ejemplo en el que se invoque a Dios como “Abba”, ni en las plegarias litúrgicas ni en las privadas.
En el Padrenuestro, más que una fórmula fija para la oración, Jesús propuso una nueva relación de confianza con Dios.
Una oración creyente debe esforzarse por sintonizar con la manera de ver, de pensar, de sentir y de actuar de Dios que es Padre.


Entender y vivir el Padre nuestro implica para nosotros relacionarnos con Dios con el amor, el respeto, la confianza y la disposición de obedecer que tenemos con nuestros padres.
Entender y vivir el Padre nuestro implica para nosotros pensar no sólo en nuestras necesidades personales sino también en el dolor y la angustia de los hermanos.
Entender y vivir el Padre nuestro implica para nosotros pedir que el Reinado de Dios sea una realidad entre nosotros, haciendo lo posible para construir la hermandad, primer aspecto del Reinado de Dios.
Entender y vivir el Padre nuestro implica para nosotros, esforzarnos por conocer y cumplir la voluntad del Padre.
Cosme Carlos Ríos
Julio 23 del 2016



sábado, 16 de julio de 2016

VIVIR LA HOSPITALIDAD



El patriarcado, del que todavía quedan restos entre nosotros, reduce el papel de la mujer a las actividades domésticas.
En la Iglesia las mujeres desempeñan el mayor número de actividades, pero poco participan en la planeación de las mismas y en la toma de decisiones importantes

La primera lectura que hacemos hoy nos habla de Abraham; está tomada del libro del Génesis y relata el ciclo de Abraham.,
Presenta a Abraham como un nómada que tiene su campamento en el encinar de Mambré, al sur de lo que hoy es la ciudad de Jerusalén.
La arboleda de encinos con sus grandes sombras es lugar agradable para establecer un campamento y los campamentos se suelen levantar cerca de las corrientes de agua.
Abraham tiene rebaños, pero no tiene una tierra propia ni un descendiente que continúe sus obras.
A la hora del calor más fuerte, Abraham ve a unos hombres de pie delante de él, sale a su encuentro afectuosamente y les suplica que acepten el hospedaje
Ordena que traigan agua para que se refresquen los pies y descansen a la sombra de los árboles y les ofrece pan. Hace matar para ellos un ternero y acompaña la comida con requesón y leche.
Ellos preguntan por Sara la mujer de Abraham y prometen que al volver el próximo año, Sara habrá tenido un hijo.
Abraham escucha de pie y ofrece lo que tiene: el producto de su trabajo, sus rebaños y lo que ellos producen, por su parte, los huéspedes en nombre de Dios pronuncian la tan ansiada promesa: Sara tendrá un hijo.
El relato del Evangelio se sitúa dentro del viaje de Jesús a Jerusalén, viaje en el que va formando a sus discípulos, va explicando el modo y las condiciones para ser discípulo. De modo que este Evangelio tiene que ser leído en clave de discipulado.
Como caminante, Jesús necesita hospedaje y Lucas nos refiere que una mujer llamada Marta lo recibió en su casa.
Creo que las hermanas Marta y María de las que habla el evangelio de Lucas son distintas a las hermanas Marta y María que aparecen en el Evangelio de Juan. Podemos hacer un ejercicio de comparar sus personalidades.
Jesús, el hombre servidor ha predicado y practicado el servicio a los hermanos, de modo que el problema en el Evangelio de hoy no es sobre la actitud servicial de Marta.
Creo que el problema está en que María, va rompiendo moldes haciéndose discípulo siendo mujer, mientras que Marta aún se queda en  las tareas del hogar y se escandaliza de la actitud discipular de su hermana.
Jesús, en cierto modo, ha sido un maestro escandaloso que admite mujeres en su grupo; en esta ocasión Lucas nos dice que María se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su enseñanza (como lo hacen los discípulos varones).

Practicar la hospitalidad como Abraham implica para nosotros recibir con amabilidad a las personas que pasan por nuestro hogar y compartir con ellos nuestros bienes para atender sus necesidades.
Practicar la hospitalidad como Marta implica para nosotros poner toda nuestra solicitud en preparar y disponer lo necesario para una digna atención a nuestros huéspedes.
Practicar la hospitalidad como María implica para nosotros tener claros nuestros valores, de modo que podamos romper modelos estereotipados para escuchar y atender a nuestros huéspedes.
Cosme Carlos Ríos

Julio 16 del 2016 

sábado, 9 de julio de 2016

LA MISERICORDIA POR ENCIMA DEL LEGALISMO



Un fenómeno importantísimo en nuestro México es el de la migración: Miles de personas cruzan diariamente nuestro país y con frecuencia son víctima de los abusos tanto de los policías, como de los coyotes y de los ciudadanos comunes.
Los encontramos mutilados, robados y desamparados con el único anhelo de conseguir un buen trabajo que alivie las necesidades de sus familias.
Ante esto, muchos cristianos nos refugiamos en la observancia de la ley y poco o nada hacemos para atender el dolor de estos hermanos.

El libro del Deuteronomio se fue redactando por partes, en distintos momentos: Una parte muy significativa fue escrita durante el destierro en Babilonia y pretende ser una especie de Catecismo para los deportados y más tarde para los restauradores.
Durante el destierro, al no contar ya con el Templo, los desterrados recuperaron, meditaron y actualizaron la palabra  sagrada escrita  y entonces la palabra escrita, se constituyó en el lugar de encuentro del pueblo con Dios.
Esta se convierte en palabra que se escucha, palabra que se hace oración y palabra que se hace vida. De ahí su importancia para la vida diaria del creyente.
La mentalidad judía del tiempo de Jesús, absorbida por el legalismo, se había convertido en una conciencia fría, sin calor humano, a la que no le importaban las necesidades ni los derechos del ser humano.
Solo se hacía lo que permitía la estructura legal y se rechazaba lo que prohibía dicha estructura. El legalismo impuesto por la estructura religiosa era la norma oficial de la moral del pueblo.
Se había llegado, a establecer, desde la legalidad religiosa, que la ley del culto primaba sobre cualquier ley, así fuera la ley del amor al prójimo.
Con esta óptica un perito de la Ley le pregunta a Jesús sobre lo que hay que hacer para alcanzar la vida eterna. Jesús obliga a su interlocutor a dar él mismo la respuesta.
Como este busca una evasiva Jesús le propone una Parábola.
Lucas en varias de sus parábolas utiliza el contraste entre las personas, para hacer resaltar la actitud que quiere destacar.
En la parábola de hoy nos presenta a un funcionario principal del Templo de Jerusalén, a un funcionario menor del Templo y frente a esta gente observante de la Ley a un odioso y despreciado samaritano.
Los tres van por el camino, muy probablemente rumbo a Jerusalén y a la orilla del camino se encuentran con un hombre robado y herido por los ladrones.
Para los funcionarios del Templo lo más importante es el ejercicio de sus funciones: Ellos entienden de cumplimiento, de las cosas de “Dios”, pero no entienden de misericordia.
Para el samaritano no existe el culto del Templo: él está excluído, él no entiende de las cosas de “Dios”, pero él entiende lo humano y por ello actúa con misericordia.

Escuchar a Jesús, hoy, nos compromete a abrir los ojos, informarnos sobre el fenómeno de la migración y del sufrimiento que viven los migrantes.
Escuchar a Jesús, hoy, nos compromete a cambiar nuestras actitudes de rechazo y desprecio hacia el migrante para ver en cada uno de ellos a un hermano.
Escuchar a Jesús, hoy, nos compromete a apoyar los organismos civiles o religiosos que trabajan para proporcionar al migrante una mejor calidad de vida.
Escuchar a Jesús, hoy, nos compromete a propiciar en nuestras comunidades pequeños grupos que se pongan defensa de los migrantes y que les ofrezcan diferentes tipos de ayuda.
Cosme Carlos Ríos
Julio 09 2016


sábado, 2 de julio de 2016

Todo el pueblo de Dios es misionero


Nuestras comunidades, sobre todo las más notables, se distinguen por la observancia de normas y leyes, pero la alegría no suele ser su principal distintivo.
El trabajo pastoral casi siempre está en manos de los ministros y estos tienen dificultad para confiar en los demás y el resto, en su gran mayoría siente que no son para eso.
Es queja general que falta personal para la evangelización sobre todo Catequistas, pero ni en las intenciones de la Misa, ni en la oración de los fieles se acostumbra pedir que haya más y buenas Catequistas

El texto de Isaías que leemos hoy, pertenece a un profeta posterior al destierro de Babilonia; su tarea es animar al pueblo para la reconstrucción de la ciudad que está en ruinas, del Templo que está destruido y del pueblo que está desorganizado.
 Pero hay que mirar este proyecto con una mirada nueva; este proyecto debe constituir la alegría de todos los que esperaban en las promesas de Yahvé.
El texto presenta la futura Jerusalén como una madre generosa que ofrece sus pechos para que se sacien de su alegría sus habitantes.
Jerusalén, que ha sufrido tanto, está ahora como embriagada de consuelo al sentirse protegida por Yahvé.
Ante este espectáculo, los ciudadanos de Sión sentirán que sus huesos reverdecerán como la hierba. Es la consecuencia de la alegría profunda que siente.
Y todo ello como consecuencia de que la mano de Yahvé se dará a conocer a sus siervos su omnipotencia; se manifestará plenamente en la inauguración de la nueva era mesiánica.
En la contrapartida: Los justos serán felices, mientras que los impíos, que se opusieron como enemigos a la manifestación de Dios, serán duramente castigados.
En el evangelio de hoy, después de hablarnos de las exigencias del seguimiento de Jesús, en su camino a Jerusalén, (tal vez en tierra de Samaritanos), Lucas nos refiere que Jesús envía en misión a otros setenta y dos. El número 72 significa la totalidad del pueblo de Dios.
Faltan colaboradores, personas que coordinen las múltiples y variadas actividades de los miembros de la comunidad, para que los más necesitados participen de los bienes que sobreabunden.
La comunidad ha de pedir que el Señor mande colaboradores a su campo. Pedir es tomar conciencia de las grandes necesidades que nos rodean y poner los medios necesarios.
Jesús los envía de dos en dos, formando un grupo o comunidad, con el fin de que muestren con hechos lo que anuncian de palabra: El reinado de Dios en un mundo fraterno.
Jesús insiste en que los enviados no confíen en los medios humanos. Han de compartir techo y mesa con aquellos que los acogen, curando a los enfermos que haya, liberando a la gente de todo aquello que los atormente.
La buena noticia ha de consistir en el anuncio de que «Ya ha llegado a ustedes el reinado de Dios». Empieza un orden nuevo. Nada de venganzas, nada de amenazas ni de juicios de Dios.
Sacudirse el polvo de los pies significa romper las relaciones, pero sin guardar odio..
Toda comunidad debe ser esencialmente misionera. La misión,
si se hace bien, encontrará la oposición sistemática de la sociedad.
Los enviados están indefensos. La defensa la asumirá Jesús a través del Espíritu Santo, el Abogado de los pobres
No podemos reducir el sentido de evangelizadores sólo a sacerdotes, religiosos o misioneros. Es necesario que haya gente, que tenga sentido de comunidad, que velen para que no se pierda el fruto, que lo almacenen y lo repartan.

Vivir el mensaje de las lecturas de hoy es luchar para que cambie el rostro de la Iglesia en todas sus instituciones: que desaparezca el rostro del legalismo y que impere el rostro de la alegría y la fraternidad.
Vivir las lecturas de hoy significa reconstruir, actualizar el siempre nuevo proyecto de Jesús, el Reinado de Dios.
Vivir el mensaje del Evangelio es tomar consciente que la misión es para la comunidad: cada uno, con sotana o sin sotana, con título o sin título, desde el lugar donde estemos, desde nuestra capacidad participamos por derecho y por deber en la misión.
Nadie queda exento, sólo que cada uno tiene una manera específica de participar y hay que esforzarse por unir esfuerzos y evitar la competitividad.
Vivir el Evangelio de hoy nos compromete a realizar la misión, sin esperar los resultados desde los recursos más sofisticados y ponerlo en el esfuerzo constante en unión con Jesús.
Vivir el Evangelio de hoy nos compromete a dialogar con Jesús presentándole las necesidades de nuestra comunidad, pero dispuestos a colaborar en la medida que nos corresponde
Julio 02 2016
Cosme Carlos Ríos


sábado, 25 de junio de 2016

Seguir a Jesús apoyando a los que reclaman sus derechos

Seguir a Jesús, apoyando a los que reclaman sus derechos

Esta semana se ha caracterizado por las protestas de los maestros y la respuesta represiva del gobierno.
Cuando hay una voz discordante es señal de que la propuesta no beneficia a todos, y si son muchas voces que protestan no podemos decir que son sólo actos de vandalismo, sino que mucha gente se siente atropellada en sus derechos.
La represión indica que no hay capacidad de dialogar o de que las cosas se quieren imponer tercamente.
En estos casos, el diálogo es urgente y exige que ambas partes presenten las cosas en forma objetiva y con afán de escuchar y atender a la otra parte

En la primera lectura de hoy, vemos el llamado de Eliseo a la misión profética. Al profeta Elías se le encarga que unja a Eliseo como profeta para continuar la misión fiel y valerosa del propio Elías.
El encuentro se da cuando Eliseo, un campesino, está labrando la tierra; Elías le echa su manto encima y Eliseo dejando  sus bueyes corre detrás de Elías.
Eliseo pide a Elías permiso para despedirse de su familia y este se lo autoriza. En seguida, con su instrumento de trabajo: los bueyes y los aperos, ofrece un holocausto y lo comparte con su gente.
Dejar atrás el antiguo modo de vivir, despedirse definitivamente de la familia, ofrecer el holocausto a Dios son las características que distinguen al sucesor de Elías.
En la misión profética, Eliseo, como el propio Elías, ha de mantener la fidelidad a Yahvé y la denuncia del rey que asesina a los campesinos y los despoja de sus tierras, sabiendo, que esto suele provocar la represión.
Jesús ha comunicado a sus seguidores la trágica muerte que le espera de parte del poder religioso y político de su tiempo por defender la vida del pueblo y denunciar a los poderes que lo oprimen.
En seguida, pone a sus seguidores como condición para el discipulado, el aceptar los mismos riesgos.
Hoy Lucas nos dice que cuando llegó el tiempo de su partida, de su entrega al servicio de la vida del pueblo, Jesús tomó la firme determinación de ir a Jerusalén.
En su camino se encuentra con el fanatismo de los samaritanos que le niegan alojamiento por el hecho de que se dirige a Jerusalén, y con la intolerancia de sus discípulos que quieren quemar a aquella gente.
En este contexto aparece uno que le dice a Jesús “Te seguiré a donde quiera que vayas”. Jesús interpreta que esta persona tiene otros intereses por lo que le contesta que él tiene menos bienes que los zorros y que las aves: no tiene dónde reclinar la cabeza.
Enseguida Jesús invita a otro a que lo siga, pero, si nos fijamos en la respuesta de Jesús, este hombre quería seguir a Jesús después de la muerte de su padre, que seguramente no estaba tendido.
Jesús le responde que la invitación, el llamado, el seguimiento es para hoy y no para más tarde
Otro más se ofrece a seguir a Jesús, pero al parecer quiere un seguimiento a medias, seguir a Jesús, pero sin cambiar su estilo de vida.
A este Jesús le pone un ejemplo de campo: No se puede llevar el arado y mirar para atrás porque si miras para atrás, el arado y la yunta se van por otro lado.

Seguir a Jesús hoy, como Eliseo implica para nosotros ser fieles al proyecto del Reino de amor, justicia, paz y verdad y denunciar a los que atropellan la dignidad y los derechos de las personas.
  Seguir a Jesús hoy, Eliseo implica para nosotros escuchar las demandas de los maestros y apoyarlos en sus justas demandas, conscientes que también nosotros podemos ser víctimas de la represión.
Seguir a Jesús hoy, implica para nosotros denunciar las formas represivas que se usan para acallar la voz del pueblo.
Seguir a Jesús hoy, implica para nosotros urgir al diálogo entre las partes, en la que se presenten y sean escuchadas y atendidas las legítimas demandas de ambas partes.

Cosme Carlos Ríos
Junio 25 del 2016