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sábado, 18 de junio de 2016

El siervo de Yahvé Identidad de Mesías, identidad del creyente



Con las distintas formas que tenemos de entender a Jesucristo el Maestro, vamos definiendo el estilo de vida de los discípulos

En el párrafo anterior al texto de Zacarías que leemos hoy,  encontramos la afirmación de que todos reconocerán que Jerusalén ha cobrado su fuerza a causa de su Dios.
En el texto que leemos hoy, se nos describe la efusión del Espíritu sobre la dinastía de David y los vecinos de Jerusalén. Ese espíritu será de gracia y de súplica, que les permitirá mirar con dolor al traspasado.
El evangelio de Juan aplicará esta expresión a Jesús crucificado.
La palabra MESIAS  en hebreo significa ungido; la palabra griega correspondientes es la de  cristós. Los israelitas ungían a sus reyes y, más tarde, a sus sumos sacerdotes.
Poco a poco pasaron a esperar a alguien, ungido de modo muy especial: al Mesías o Cristo.
En tiempos de Jesús hay varias maneras  de esperar el mesías: Una de ellas es la de los Fariseos y los Zelotas que esperan un mesías al estilo de David.
Los Zelotas esperan al mesías como alguien que realice  una acción armada directa en contra de los romanos; por el contrario los Fariseos, pues ellos coexisten pacíficamente con el poder romano.
Las comunidades de Qumrán entienden el mesianismo en el sentido sacerdotal; mientras que pocos entienden al Mesías como siervo de Yahvé.
En el pueblo es más frecuente la visión que tienen los fariseos sobre el Mesías, ya que en el pueblo es muy fuerte el influjo de los fariseos.
El texto de Lucas que leemos hoy nos refiere que, después de una intensa jornada del ministerio de Jesús en Galilea, Él se retira para hacer oración
A fin de evaluar los resultados de su arduo trabajo, Jesús pregunta a sus discípulos sobre la opinión que tiene la gente sobre Él y ellos responden que alguno de los profetas.
Luego Jesús les pregunta la opinión que ellos tienen sobre Jesús, a lo que Pedro responde que Jesús es el Mesías, pero Jesús les prohíbe que lo divulguen.
Jesús corrige lo que podría ser una visión triunfalista del Mesías y hace notar que sus seguidores tienen que seguir el camino del siervo de Yahvé, o del siervo sufriente.
Es claro que, desde el principio de su misión Jesús va construyendo el Reinado de Dios, con sus hechos y con sus palabras.
Su punto de partida es que Dios es padre de todos, que quiere un mundo de amor, de respeto, de justicia, de libertad y e paz  y esto implica una lucha, contra la injusticia, la violencia, la desigualdad, la mentira.
Por ello, los poderes que oprimen, explotan y aplastan al pueblo reaccionan con la represión, la tortura y la muerte contra los que trabajan por el proyecto del Padre.
Es por eso que el mesianismo de Jesús debe ser comprendido en la línea del siervo de Yahvé que aparece en texto de Isaías 52, 13-53, 12.
Esta lectura, interpretada, además a la luz de la primera lectura, descarta por completo que el mesianismo de Jesús sea un mesianismo triunfalista.

Ser discípulos del Cristo comporta para nosotros, tomar conciencia, de que a la manera de Jesús, con nuestros hechos y palabras tenemos la misión de construir el Reinado de Dios Padre.
Ser discípulos del Cristo comporta para nosotros luchar, como Jesús, contra la injusticia, la desigualdad, la opresión, la mentira.
Ser discípulos del Cristo comporta para nosotros tener conciencia que el camino del Mesías y nuestro propio camino implica el riesgo de enfrentar a los que detentan el poder y la riqueza y asumirlo con todas sus consecuencias.
Ánimo, el Mesías va delante de nosotros
Cosme Carlos Ríos
Junio 18 del 2016



sábado, 11 de junio de 2016

Jesús ofrece otra oportunidad



Por viejas costumbres solemos rechazar como grupo a las mujeres que se dedican a la prostitución y silenciamos la parte de los que explotan comercialmente la sexualidad femenina.

En la primera lectura, David, el rey, ha pecado gravemente. No sólo ha cometido adulterio con la mujer de uno de sus soldados, sino que además hizo matar al esposo engañado.
Se ha burlado así del mismo Dios, al arrogarse el derecho sobre  la vida y la muerte en beneficio de sus deseos depravados.
Esto merece un castigo. Pero el rey reconoce su delito y se manifiesta humildemente arrepentido. Muestra así la profundidad de su fe, a pesar de su pecado.
Por eso Dios lo perdona. David quedará para siempre como el ejemplo vivo del hombre que, sobrepasando sus miserias, se ha situado en la dinámica de Dios.
Aunque el texto resalta la ofensa contra el soldado, el texto bíblico también habla de la violencia contra la mujer, dice: David mandó unos mensajeros para que se la trajeran”.
En el texto la mujer aparece como una cosa, una propiedad del varón, y no podemos menos que incomodarnos ante esto. La voz de la mujer sólo se escucha para decir: “estoy encinta”.
La lectura es puesta aquí para mostrarnos el inmenso amor y perdón de Dios aunque el crimen sea horrendo, como es el caso.
Dios sólo espera el arrepentimiento sincero para que su perdón llegue inmediatamente sobre los suyos
En el evangelio, una mujer  se atreve a estropear una sobremesa elegante. Ella no sólo quebranta las leyes de la buena educación, sino que, además, comete una infracción de tipo religioso: pues siendo una mujer impura no debe manchar con su presencia la casa de un hombre puro como es un fariseo.
Por un momento Jesús pierde su dignidad de profeta a los ojos de su anfitrión: “Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que le está tocando, y lo que es: una pecadora”.
Ante la situación que se ha presentado, Jesús, en vez de corregir a su anfitrión, lo invita a salir de su ignorancia y a reconocer que el verdadero pecador es él; el fariseo que se cree puro.
La mujer, a nadie ha engañado: ha repetido los gestos de su oficio; la misma actitud sensual que ha tenido con todos sus amantes.
Pero esta tarde sus gestos no tienen el mismo sentido. Ahora expresan su respeto y el cambio de su corazón. El perfume lo ha comprado con sus ahorros, que son el precio de su “pecado”.

Y sin dudarlo rompe el vaso, para que nadie pueda recuperar ni un gramo del precioso perfume.
En la antigüedad las prostitutas eran consideradas esclavas; socialmente no existían.
Sin embargo, esta tarde una prostituta escucha las palabras de absolución y de canonización, porque ha hecho el gesto sacramental, ha expresado su decisión de cambiar de vida.
Los evangelios destacan la acogida y comprensión de Jesús a los sectores más excluidos por casi todos de la bendición de Dios: prostitutas, recaudadores, leprosos…
Su mensaje es escandaloso: los despreciados por los hombres más religiosos tienen un lugar privilegiado en el corazón de Dios. La razón es solo una: son los más necesitados de acogida, dignidad y amor.

Para seguir este comportamiento de Jesús, tendremos que revisar cuál es nuestra actitud en las comunidades cristianas ante ciertos colectivos como las mujeres que viven de la prostitución o los homosexuales y lesbianas.
Para pensar y actuar como Jesús necesitamos cambiar nuestras actitudes hacia las prostitutas y hacia las madres solteras.
Como en todas las comunidades hay personas que han tenido o que tienen esas características, será bueno que iniciemos una pastoral de acogida hacia ellas, que, sin censurarlas, les ayude a encontrar caminos de dignidad

Junio 11 2016
Cosme Carlos Ríos


sábado, 4 de junio de 2016

Devolver los hijos a sus madres


Más de un millón de niños se han quedado huérfanos o han sido separados de sus familias por causa de la guerra”, dice un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.
También hay un gran número de madres solteras, abandonadas o divorciadas que han de asumir la difícil tarea de salir adelante y criar solas una familia. 
Las diversas problemáticas más apremiantes que viven los jóvenes actualmente son: la violencia, el desempleo, la pobreza y la inequidad en educación.


Elías es uno de los profetas más antiguos, por lo que no tenemos escritos de él, sólo conocemos algunos relatos populares que fueron recogidos en el primer libro de los Reyes.
Este libro se terminó de escribir, después del destierro y el texto de hoy  nos habla de la acción de Elías en defensa de la fé en el Dios del Éxodo.
Su gran afirmación es mi Dios es  Yahvé y su mismo nombre “Elías” significa Yahvé es mi Dios.
La escena que leemos hoy, en que Elías resucita al hijo de la viuda contrasta con la actitud del rey Acab que promueve la muerte.
En este signo, la viuda reconoce que Elías es un profeta “un hombre de Dios”
El relato del evangelio que leemos hoy, es un texto exclusivo de Lucas
Jesús llega a Naín cuando en la pequeña aldea se está viviendo un hecho muy triste. Jesús viene del camino, acompañado de sus discípulos y de un gran gentío.
De la aldea sale un cortejo fúnebre camino del cementerio: Una madre viuda, acompañada por sus vecinos, lleva a enterrar a su único hijo.
Lucas nos describe la trágica situación de la mujer. Es una viuda, sin esposo que la cuide y proteja en aquella sociedad controlada por los varones.
 Le quedaba solo un hijo, pero también este acaba de morir. La mujer no dice nada. Solo llora su dolor.
El encuentro ha sido inesperado. Jesús venía a anunciar también en Naín la Buena Noticia de Dios. El texto nos dice «el Señor la miró, se conmovió y le dijo: No llores».
Jesús no conoce a la mujer, pero la mira detenidamente. Capta su dolor y soledad, y se conmueve hasta las entrañas. El abatimiento de aquella mujer le llega hasta dentro.
Su reacción es inmediata: «No llores». Se acerca al féretro, detiene el entierro y dice al muerto: «Muchacho, a ti te lo digo, levántate».
Cuando el joven se reincorpora y comienza a hablar, Jesús «lo entrega a su madre» para que deje de llorar.
Al  “tocar cadáver”, Jesús provoca impureza ritual; pero, Él muestra que la compasión es la que marca el encuentro con Dios y no los ritos.
Jesús acompaña su acción con una palabra de autoridad dirigida al muchacho. “joven, te lo digo a ti…” La orden dada por Jesús es que se “levante”
El afirmar que “se puso a hablar”, es una manera de dejar constatación que el sujeto está realmente vivo y no se trata de una ilusión.
La frase “se lo dio a su madre” repite literalmente el hecho de Elías dando el hijo resucitado a la madre viuda.

Luchar como Elías y como Jesús en defensa de la vida de los jóvenes significa para nosotros combatir en forma clara y organizada  la violencia, el desempleo, la pobreza y la inequidad en la educación.
Vivir la misericordia como Elías y como Jesús en apoyo a las madres abandonadas implica valorar los esfuerzos que hacen las viudas y madres solteras para sobrevivir, y esforzarnos por construir organismos que las apoyen en su difícil tarea.
Devolver los hijos a sus madres, como Jesús y como Elías implica para nosotros organizarnos para ayudar a los jóvenes metidos en los vicios y en la violencia a que se regeneren y se reintegren a la familia y a la sociedad.
¿Cuál tiene que ser nuestra tarea?
¿Qué tipo de organizaciones hemos de impulsar?
¿Cuáles han de ser nuestros objetivos?
Junio 04 16
Cosme Carlos Ríos


sábado, 28 de mayo de 2016

Dios para todos, Iglesia para todos, servicios para todos

Dios para todos, Iglesia para todos, servicios para todos

En la predicación y en las celebraciones de nuestras comunidades se prestan servicios a las personas que se acercan, pero, poco hacemos por acercar nuestras catequesis y nuestras celebraciones a las personas alejadas.
Con esto, sin proponérnoslo, presentamos a un Dios distante que sólo vela por los que se acercan a Él

La lectura del primer libro de los reyes nos presenta la oración de Salomón en la dedicación del templo. La apertura universalista que aparece refleja más la mentalidad del redactor final del libro que la del propio Salomón
 Es probable que haya sido escrito después de haber vivido el destierro en Babilonia en la época del tercer Isaías que se pone de relieve en el tema de Jerusalén y del templo como centro de todos los pueblos de la tierra.
A pesar de todo el nacionalismo que se vivió en esta época posterior al exilio, la oración de Salomón recalca que Dios y el Templo están abiertos también a los extranjeros.
Pero conviene notar que se trata todavía de un universalismo matizado, pues Jerusalén sigue teniendo una preeminencia que coloca a los demás pueblos en situación de inferioridad.
El texto del Evangelio que leemos hoy tiene algunos elementos teológicos muy significativos, en sentido incluyente. Nos encontramos ante una escena que sucede en Cafarnaúm, poblado de Galilea.
Esto es muy importante por el rol que tiene Galilea en los evangelios. Se trata de una tierra judía, pero de judíos de, podríamos decirlo así, “segunda categoría”.
Es una zona comercial, muy dada al intercambio, y mucho menos rigurosa que Judea con las exigencias religiosas y, por lo mismo, despreciada por los habitantes de la capital, Jerusalén.
Sin embargo gran parte del mensaje de Jesús se desarrolla en esa zona geográfica, lo cual, no es casualidad, sino una clara opción personal del Señor por los mal vistos, por los insignificantes.
Llama especialmente la  atención si tomamos en cuenta que el mismo Jesús es un Galileo: Dios mismo se encarna entre los de menor rango, “haciéndose uno de tantos”.
Esto vale de modo especial en este caso, tomando en cuenta que el personaje central de este relato no solo está en Galilea, sino que, es un pagano: un oficial de la Roma que esclaviza al pueblo judío.
De ahí la enseñanza del pasaje, es precisamente que este pagano que habita un pueblo de insignificantes es quien dará señales de una fe que asombra al mismo Jesús.
Lo primero, el centurión no pide para sí, sino para un siervo. Este habitante de la “Galilea de los paganos” pide por uno que está aún más proscrito que él: un subordinado y un enfermo.
Por el obrar de este pagano,  Jesús puede decir de él que ha tenido más fe que un israelita.
El pagano y proscrito servidor de los opresores romanos ha ido a buscar a Jesús para salvar a su siervo: se ha hecho servidor de su siervo y ha roto con los prejuicios para acercarse con humildad a un judío que, que sabe que puede ayudar a su empleado.
No solo eso, sino que confía tanto en su poder que no requiere, siquiera, que entre a su casa, porque está seguro de que sus palabras bastan para sanar.

Para ser congruentes con la práctica de Jesús y con la oración de Salomón es conveniente, que además de nuestros lugares ordinarios de culto abramos centros de Catecismo y círculos bíblicos en lugares distintos del templo.
Para ser congruentes con la práctica de Jesús y con la oración de Salomón es conveniente que promovamos y favorezcamos la Religiosidad popular fuera del templo: Rosarios, novenarios que tomen en cuenta las necesidades de los vecinos.
Para ser congruentes con la práctica de Jesús y con la oración de Salomón es conveniente acercarnos a las personas de fuera del templo con Misas de barrio para acompañar fortalecer la fé de los creyentes y para ayudarlos a organizarse comunitariamente.
Para ser congruentes con la práctica de Jesús y con la oración de Salomón es conveniente que hagamos visitas a los distintos sectores de la comunidad para conocer sus necesidades y buscar la forma de apoyarlos entre todos
Para ser congruentes con Jesús es necesario que quitemos todo tipo de prejuicios por motivos de sexo, raza o religión y que adoptemos actitudes incluyentes.
Cosme Carlos Ríos

Mayo 28 del 2016 

sábado, 21 de mayo de 2016

La Santísima Trinidad y nosotros

La Santísima Trinidad y la Iglesia

Una ola de muerte asedia a nuestro planeta, la carrera de armamentos se puede volver contra los que la corrieron, el ma­ñana puede que no llegue nunca: Estamos olvidando el plan de Dios para con nosotros, sus hijos
Estamos destruyendo poco a poco la naturaleza: derrocha­mos los recursos humanos, se contaminan mares y ríos, se exterminan las especies animales, la humanidad, en su gran mayoría, padece hambre y violencia endémica. Esto contradice el Reino proclamado por Jesús
La violencia, la guerra, la muerte y la destrucción se han convertido en los auténticos señores de una humanidad esclavizada y que no es dócil a la voz del Espíritu.

Por esta ocasión en vez de reflexionar sobre las lecturas bíblicas propongo reflexionar sobre este texto del Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la naturaleza de la Iglesia.
En todo tiempo y en todo pueblo es grato a Dios quien le teme y practica la justicia.
Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente.
Por ello eligió al pueblo de Israel como pueblo suyo, pactó con él una alianza y le instruyó gradualmente, revelándose a Sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de este pueblo, y santificándolo para Sí.
Pero todo esto sucedió como preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había de pactarse en Cristo y de la revelación completa que había de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne…
 Ese pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento en su sangre, lo estableció Cristo convocando un pueblo de judíos y gentiles, que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios.
Pues quienes creen en Cristo, renacidos no de un germen corruptible, sino de uno incorruptible, mediante la palabra de Dios vivo, no de la carne, sino del agua y del Espíritu Santo, pasan, finalmente, a constituir «un linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo de adquisición..., que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo de Dios».
Este pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo, «que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación», y teniendo ahora un nombre que está sobre todo nombre, reina gloriosamente en los cielos.
La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.
Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó a nosotros. Y tiene en último lugar, como fin, el dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que al final de los tiempos 
De esta manera vemos la acción de las tres divinas personas en su relación con la Iglesia: El Padre que para santificar y salvar a los hombres decide hacerlo constituyendo un pueblo: El pueblo de Israel.
El Nuevo Testamento lo estableció Cristo en su sangre, convocando un pueblo de judíos y gentiles, que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios.
La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.

Celebrar a la primera persona de la Trinidad: Dios Padre, implica para nosotros los creyentes reconocernos como pueblo de Dios, familia de Dios que respeta, valora, protege y defiende cada uno de los seres creados en su identidad y complementariedad, que en definitiva, vela por el medio ambiente .
Celebrar a la segunda persona de la Trinidad: Dios Hijo, implica para nosotros colaborar en la construcción del Reino de Dios desde una opción por los pobres contra el hambre, contra la enfermedad, contra la violencia, contra la migración forzada.
Celebrar a la tercera persona de la Trinidad: El Espíritu Santo, “Señor y Dador de vida”  implica para nosotros dejarnos guiar por su impulso en defensa de la vida, de toda vida, de modo particular las que se ven más amenazadas
Cosme Carlos Ríos
Mayo 21 2016



La Santísima Trinidad y nosotros


Una ola de muerte asedia a nuestro planeta, la carrera de armamentos se puede volver contra los que la corrieron, el ma­ñana puede que no llegue nunca: Estamos olvidando el plan de Dios para con nosotros, sus hijos
Estamos destruyendo poco a poco la naturaleza: derrocha­mos los recursos humanos, se contaminan mares y ríos, se exterminan las especies animales, la humanidad, en su gran mayoría, padece hambre y violencia endémica. Esto contradice el Reino proclamado por Jesús
La violencia, la guerra, la muerte y la destrucción se han convertido en los auténticos señores de una humanidad esclavizada y que no es dócil a la voz del Espíritu.

Por esta ocasión en vez de reflexionar sobre las lecturas bíblicas propongo reflexionar sobre este texto del Concilio Vaticano II en la Constitución sobre la naturaleza de la Iglesia.
En todo tiempo y en todo pueblo es grato a Dios quien le teme y practica la justicia.
Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexión alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente.
Por ello eligió al pueblo de Israel como pueblo suyo, pactó con él una alianza y le instruyó gradualmente, revelándose a Sí mismo y los designios de su voluntad a través de la historia de este pueblo, y santificándolo para Sí.
Pero todo esto sucedió como preparación y figura de la alianza nueva y perfecta que había de pactarse en Cristo y de la revelación completa que había de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne…
 Ese pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento en su sangre, lo estableció Cristo convocando un pueblo de judíos y gentiles, que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios.
Pues quienes creen en Cristo, renacidos no de un germen corruptible, sino de uno incorruptible, mediante la palabra de Dios vivo, no de la carne, sino del agua y del Espíritu Santo, pasan, finalmente, a constituir «un linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo de adquisición..., que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo de Dios».
Este pueblo mesiánico tiene por cabeza a Cristo, «que fue entregado por nuestros pecados y resucitó para nuestra salvación», y teniendo ahora un nombre que está sobre todo nombre, reina gloriosamente en los cielos.
La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.
Tiene por ley el nuevo mandato de amar como el mismo Cristo nos amó a nosotros. Y tiene en último lugar, como fin, el dilatar más y más el reino de Dios, incoado por el mismo Dios en la tierra, hasta que al final de los tiempos 
De esta manera vemos la acción de las tres divinas personas en su relación con la Iglesia: El Padre que para santificar y salvar a los hombres decide hacerlo constituyendo un pueblo: El pueblo de Israel.
El Nuevo Testamento lo estableció Cristo en su sangre, convocando un pueblo de judíos y gentiles, que se unificara no según la carne, sino en el Espíritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios.
La condición de este pueblo es la dignidad y la libertad de los hijos de Dios, en cuyos corazones habita el Espíritu Santo como en un templo.

Celebrar a la primera persona de la Trinidad: Dios Padre, implica para nosotros los creyentes reconocernos como pueblo de Dios, familia de Dios que respeta, valora, protege y defiende cada uno de los seres creados en su identidad y complementariedad, que en definitiva, vela por el medio ambiente .
Celebrar a la segunda persona de la Trinidad: Dios Hijo, implica para nosotros colaborar en la construcción del Reino de Dios desde una opción por los pobres contra el hambre, contra la enfermedad, contra la violencia, contra la migración forzada.
Celebrar a la tercera persona de la Trinidad: El Espíritu Santo, “Señor y Dador de vida”  implica para nosotros dejarnos guiar por su impulso en defensa de la vida, de toda vida, de modo particular las que se ven más amenazadas
Cosme Carlos Ríos
Mayo 21 2016



sábado, 14 de mayo de 2016

El Espíritu Santo y la Misión

El Espíritu Santo hace nacer, guía y fortalece a la Iglesia
Para continuar la misión de Jesús

Tenemos la costumbre de ver al Espíritu Santo en relación con nuestra vida personal, pero poco lo vemos en la vida de la Iglesia y en nuestra misión de discípulos de Jesucristo.
Poca conciencia tenemos de que la evangelización es la tarea esencial de la Iglesia. Muchos pretextos ponemos para participar en la misión, estos pretextos reflejan nuestros miedos, nuestra inseguridad.
Dejamos la misión de la Iglesia para los ministros, para los cristianos muy preparados y el resto nos quitamos la responsabilidad que nos toca en la misión de Jesucristo.

Pentecostés no es una fiesta originariamente cristiana,  ni siquiera israelita, sino una celebración que es parte de una cultura religiosa.
Como «Fiesta de las Semanas» o «de la Cincuentena», en Israel fue una fiesta netamente agraria, que celebraba el inicio de la cosecha.
Se celebraba siete semanas (cincuenta días) a partir de la Pascua, para dar gracias a Dios por la nueva cosecha
En el judaísmo tardío se transformó en festividad plenamente religiosa: pasó a ser memoria del don de la Ley en el Sinaí al pueblo liberado de Egipto.
Lucas, autor del libro de Los Hechos,  conocía esta tradición y quiso asociar el don del Espíritu, enviado por Cristo resucitado, al don de la Ley recibido en el Sinaí.
La lectura de hoy señala además: “estaban todos juntos en un mismo lugar”. Con estas palabras se quiere sugerir que los presentes estaban unidos, no sólo en un mismo sitio, sino con el corazón.
Lucas utiliza el símbolo del viento para hablar del don del Espíritu: Es una forma de decir que se trata de una manifestación divina, ya que el actuar de Dios no puede ser calculado ni previsto por el ser humano.
El ruido llega “del cielo”, es decir, del lugar de la trascendencia, desde Dios. Su origen es divino. Y es como el rumor de una ráfaga de viento impetuoso.
El autor quería describir el descenso del Espíritu Santo como poder, como potencia y dinamismo y, por tanto, el viento era un elemento para expresarlo
Lucas se sirve luego de otro elemento: el fuego, que es símbolo de Dios como fuerza irresistible y trascendente.
La fuerza interior y transformadora del Espíritu, se vuelve ahora capacidad de comunicación, que inaugura la eliminación de la antigua división entre los seres humanos a causa de la confusión de lenguas en Babel
El pecado condenado en el relato de la torre de Babel, es la preocupación egoísta de los seres humanos que se cierran y no aceptan la existencia de otros grupos y otras sociedades.
El Espíritu debe venir continuamente para perdonar y renovar a los seres humanos para que no se repitan más las tragedias causadas por el racismo, la cerrazón étnica y los integrismos religiosos.
El Espíritu de Pentecostés inaugura una nueva experiencia religiosa en la historia de la humanidad: la misión universal de la Iglesia.
La palabra de Dios, gracias a la fuerza del Espíritu, será pronunciada una y otra vez a lo largo de la historia en diversas lenguas y será encarnada en todas las culturas.
El evangelio nos muestra que Jesús se hace presente en medio de sus discípulos encerrados y llenos de miedo a los judíos.
Jesús les desea la paz, la abundancia de los dones de Dios, se identifica ante ellos mostrándoles las heridas que sufre por el anuncio y realización del Reino.
Declara: “Como el Padre me envió, así los envío Yo”, y para que puedan realizar el encargo, la misión, sopla sobre ellos y les dice: “Reciban el Espíritu Santo”

Celebrar Pentecostés implica para nosotros abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que con su soplo infunde vida y con su fuego impulsa a continuar la misión de Jesús, luchar contra nuestros miedos y nuestros complejos.
Celebrar Pentecostés implica para nosotros repasar cada día la Misión de Jesús, para no perderla de vista, y buscar la forma de realizarla en el tiempo y el lugar en el que estamos nosotros.
Celebrar Pentecostés implica para nosotros entender que la Misión no es sólo para las personas de nuestro grupo, raza o religión, sino que es para todos.
Celebrar Pentecostés implica para nosotros entender que la predicación no es  para llamar la atención, sino para ayudar a los hermanos en una forma comprensible a que conozcan, amen y sigan  Jesucristo.
Cosme Carlos Ríos
Mayo 14 del 2016