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sábado, 7 de mayo de 2016

Continuar la Misión de Jesús: La construcción del Reino

Es hora de ponernos a trabajar continuando la Misión

Muchas personas nos profesamos cristianos, pero ponemos nuestra identidad en una serie de prácticas, sobre todo religiosas, pero sin una referencia explícita a Jesucristo.
Miramos a Jesucristo en el Evangelio, en la Eucaristía, pero nos cuesta mucho ver al Cristo en la historia, en el ser humano, en los pobres, que son la imagen principal de Dios.
Nos profesamos discípulos de Jesucristo, pero no tenemos conciencia de que tenemos que continuar la misión del Él: seguir construyendo el reino de Dios, construyendo un mundo de justicia y fraternidad.

En este día la Iglesia celebra la fiesta de la Ascensión del Señor, pero tenemos la costumbre de hacer una separación temporal entre la Resurrección, la Ascensión y la venida del Espíritu Santo.
El misterio pascual de Jesús comprende estos tres aspectos, pero no hay entre ellos una separación temporal, sino distintos aspectos del Misterio de Jesús resucitado.
Tampoco podemos entender la Ascensión como un hecho físico (estamos hablando de un Misterio) y lo que nos dice la Palabra es una forma para ayudarnos a comprender este aspecto del Misterio Pascual.
El texto de los Hechos que leemos hoy, afirma que Jesús Resucitado acompaña a sus discípulos y les habla del Reino de Dios.
Les encarga que esperen lo que les prometió: El Espíritu Santo con Él que serán testigos de Jesús, en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria y hasta los últimos rincones de la tierra.
El texto refiere que Jesús se fue elevando a la vista de los discípulos que se quedaron mirando al cielo  hasta que dos hombres vestidos de blanco les dicen: ¿Qué hacen ahí plantados mirando al cielo?» Y les recuerdan que Jesús volverá.
En la segunda lectura, el autor, un discípulo de Pablo, se dirige a los destinatarios haciendo expresa referencia a la misión de la Iglesia en medio del mundo (pagano).
En la oración que se nos propone hoy, el autor pide para la Iglesia  que “conozca”. Pide que Dios, “el Padre de la gloria”, el “Dios de nuestro Señor Jesucristo” les  conceda “espíritu de sabiduría y revelación” precisamente para “conocerlo perfectamente”.
De ese modo, podrán profundizar tres elementos importantes: la esperanza en la llamada, la riqueza de la gloria y la grandeza del poder desplegado en la Pascua.
Conocer a Dios implica conocer su intervención activa en la historia de la salvación, llegada a su plenitud en el “acontecimiento Cristo”.
 Pero esto es imposible sin el espíritu de sabiduría, esto es la capacidad de comprender, el reconocer el paso de Dios en la vida, y de revelación, es decir la explícita manifestación de Dios que aclara, interpreta la historia.
La relación de la Iglesia con Cristo es inseparable. Es interesante notar que esta unión de los creyentes con Cristo es tan plena que así como Cristo está resucitado y sentado junto a Dios, del mismo modo, estando plenamente unidos a Cristo, los creyentes ya están resucitados y sentados conjuntamente a Él
La Iglesia es inseparable de Jesucristo de su vida y de su misión. La comunidad de discípulos comparte los riesgos del mismo Jesús y está llamada a seguir a Jesús tanto en la vida, como en la misión.
Si la misión de Jesús fue mostrar con hechos y palabras el rostro misericordioso del Padre, a nosotros los discípulos de hoy nos corresponde continuar la misión, contra toda injusticia, contra todo lo que deshumaniza a la persona.

Celebrar hoy, la Ascensión de Jesús implica para nosotros, sentirnos parte de Jesús, de su persona, de su proyecto: Estar siempre mirando hacia Jesús, el Maestro, el Modelo.}
Celebrar hoy, la Ascensión de Jesús implica para nosotros, mirarlo en el Evangelio, mirarlo en la Eucaristía, pero sobre todo aprender a mirarlo en el rostro de cada ser humano, especialmente en los empobrecidos
 Celebrar hoy, la Ascensión de Jesús implica para nosotros, echarle ganas a la misión, trabajar sin cesar en la construcción del Reino de Dios: Luchar por un mundo de justicia y fraternidad.
Cosme Carlos Ríos

Mayo 07 2016 

sábado, 30 de abril de 2016

Para ser fieles a Jesús buscar la palabra de Jesús en Asamblea

Fidelidad a Jesús, a su palabra

Estamos acostumbrados a que los asuntos importantes en la Iglesia los resuelvan las autoridades; tenemos miedo o desconfianza de hacerlo en Asambleas; dejamos que los demás decidan por nosotros.
Nos consideramos discípulos de Jesús, afirmamos que lo queremos, pero nos falta preguntarnos si conocemos y ponemos en práctica las palabras que Él nos enseñó: su Evangelio.
A pesar de que profesamos que Dios está en todas partes, nos encerramos en los templos para rendir culto a Dios: evidentemente el templo es el lugar de la comunidad, pero, no el único.

En el capítulo 13, el libro de los Hechos nos refiere que el Espíritu Santo pidió a la comunidad de Antioquía de Siria que les separara a Pablo y a Bernabé para una misión.
Pablo y Bernabé emprenden el viaje misionero y acuden en primer lugar a las sinagogas de los judíos, presentando la persona de Jesús, su vida, su Muerte y Resurrección como único medio de salvación.
Los judíos, aferrados a que la salvación viene por la observancia de la Ley de Moisés, rechazan la predicación de Pablo y Bernabé y provocan una fuerte persecución en contra de ellos.
Entonces Pablo y Bernabé toman la firme determinación de realizar su misión fuera del mundo Judío: ahí van formando pequeñas comunidades a las que no se les exige la práctica de la circuncisión.
Regresan a su comunidad de Antioquía de Siria y cuentan cómo Dios ha abierto a los paganos las puertas de la fé.
Esto, que para ellos era motivo de profunda alegría, es escándalo para algunas personas venidas de Judea que piden que se les exija la práctica de la circuncisión, provocando con ello una violenta discusión.
Para resolver el asunto se decide presentarlo a las autoridades de Jerusalén, quienes deciden tratar el asunto en una asamblea.
La solución que salió de la Asamblea dice: “Hemos decidido de común acuerdo” “El Espíritu Santo, y nosotros mismos, hemos decidido no imponerles ninguna carga más que las indispensables!.
Por fidelidad a la palabra de Jesús, se  busca en Asamblea la respuesta a las nuevas situaciones.
La lectura del Apocalipsis  que se nos propone hoy, supone una verdadera revolución en la manera de entender las relaciones del hombre con Dios.
En la antigua religión el hombre tenía que salir del mundo profano y entrar en  recintos sagrados para encontrarse con Dios:  Dios no estaba más que en algunos lugares consagrados a él.
A partir de ahora todo será distinto.
Ya no es necesario que haya templos, porque Dios ha elegido para vivir una residencia nueva: el ser humano, la persona que elige el amor como forma de vida, el grupo en el que se ha establecido el amor como única norma de convivencia.
Es la ciudad nueva que describe el libro del Apocalipsis:
Jesús nos dice hoy: “El que me ama guardará mi palabra”  El dio en la clave: amarlo a él equivale a guardar su palabra, llevándola a la práctica.
Y su palabra, mensaje, no fue otra cosa que la fidelidad al pueblo por el que hay que desvivirse; el servicio incondicional; la abolición de las nuevas esclavitudes, la construcción de una sociedad diferente.
No es fácil guardar esta palabra del Maestro. Supondrá una fuerte lucha contra los que, desde arriba, traten de conservar sus privilegios; contra los que, desde abajo, pretendan excusar o exculpar su pasividad; y contra los que, desde el medio no toman partido,
Por guardar la palabra del Padre, Jesús sufrió la persecución, el rechazo, la soledad y el abandono de todos. Algo similar sucederá a
todos los que hayan ligado su suerte a la del pueblo como Jesús.

Ser fieles a la palabra de Jesús implica para nosotros, hoy, entender las nuevas situaciones y los nuevos problemas por los que estamos pasando y buscar en Asamblea la palabra orientadora de Jesús.
Ser fieles a la palabra de Jesús implica para nosotros, hoy, rendir culto a Dios en los diferentes lugares que manifiestan su presencia sobre todo en el ser humano, principal imagen de Dios y en la comunidad que vive el amor de Jesús.
Ser fieles a la palabra de Jesús implica para nosotros, hoy, esforzarnos por conocer la Palabra de Jesús en el Evangelio y convertirla en norma de nuestra vida
Cosme Carlos Ríos

Abril 29 del 2016 

sábado, 23 de abril de 2016

La novedad de Jesús: El amor de entrega y de servicio

Amar como Jesús: el mandamiento nuevo

Es curioso y preocupante que las distintas comunidades cristianas nos esforzamos por cumplir leyes y costumbres (cosa muy buena), pero perdemos de vista el amor que es la novedad que trajo Jesús.
En ocasiones insistimos en el amor, pero lo entendemos sólo como expresión de sentimientos y no como el de Jesús: amor de entrega y de servicio a los hermanos.
El concilio Vaticano II pretendía una renovación de la Iglesia, pero seguimos las prácticas viejas de buscar el poder, la fama y con frecuencia la riqueza, que no obtienen precisamente por la práctica del amor.
Es evidente que asumir lo nuevo implica seguir a Jesús, ponerlo en el centro de nuestra vida, pero para eso hay que renunciar al poder, a la fama y la riqueza y no siempre estamos dispuestos.

El libro de los Hechos nos sigue hablando del éxito misionero de Pablo y Bernabé entre los gentiles, al presentar la novedad de Jesús: “Dios les abre la puerta a los no judíos para que también ellos puedan  creer”.
Sus desvelos misioneros, su entrega, su espíritu de servicio  serían fuente de esa propagación del Evangelio extendiéndose a lo ancho del mundo “gentil”.
El texto del Apocalipsis, que leemos hoy, alienta nuestra esperanza con su magnífica visión de “un cielo nuevo y una tierra nueva”, como la gran meta de nuestros esfuerzos.
Una nueva realidad de justicia, paz y amor fraterno habrá de traer “la nueva Jerusalén que descendía del cielo enviada por Dios y engalanada como una novia”.
Es la esperanza maravillosa que podemos enarbolar frente a los que nos amenazan con una destrucción inexorable del mundo,
“Esta es la morada de Dios con los hombres –señala un el autor; acampará entre ellos. Serán su pueblo, y Dios estará con ellos.
Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado. El que estaba sentado sobre el trono dijo: Ahora hago el universo nuevo”.
Para entender el pasaje que nos refiere el Evangelio de hoy, conviene recordar que Judas acaba de salir. Jesús le había ofrecido una vez más su amistad, pero la ha rechazado.
Ha tomado la decisión de entregar a Jesús en manos de los jefes de su religión y de su nación y va a ponerla en práctica.
Está demasiado apegado a las instituciones y las tradiciones de sus mayores, a lo viejo. Por eso lo va a traicionar, porque no le agrada la novedad de  Jesús.
Jesús lo sabe, pero no lo delata ante el resto de los discí­pulos; al contrario, le muestra de nuevo su afecto, y al no encontrar correspondencia, lo despide con estas pala­bras: «Lo que vas a hacer, hazlo pronto»
Así acepta Jesús la muerte. Y así se manifiesta «la gloria del Hombre, y  la gloria de Dios. Naturalmente que la muerte, en sí misma, no es gloria de nadie; pero sí lo que en esa muerte se revela: un amor sin límite, sin medida.
El amor de Jesús a sus semejantes, a la humanidad, y el amor de Dios que Jesús manifiesta con su entrega.
La gloria de Dios no es, por tanto, su poder, ni su ciencia, ni su grandeza: la gloria de Dios es el amor que se manifiesta en el Hombre.
Y la gloria del hombre será corresponder a ese amor con un amor que difunda, comunicándolo, el amor recibido. Ese es el encargo de Jesús a sus discípulos; ése es el mandamiento nuevo.
Nuevo por la calidad y la medida del amor que exige: que el hombre, teniendo como modelo el amor de Jesús, ame a sus semejantes más que a sí mismo. 
Nuevo porque intenta que los hombres no estén preocupados por Dios más que para parecerse a Él, amando como El a la humanidad. 
Esta es la señal del cristiano: el amor. Y si el catecismo dice que la señal del cristiano es la cruz, eso sólo tiene sentido en cuanto que la cruz fue la exageración del amor.
Por eso el cristiano no puede salirse de este ámbito ni eludir ese compro­miso: colaborar con Dios en la consolidación de ese mundo nuevo en el que sea posible y real ese amor.
Esta es la única ley, la ley fundamental -la constitución- de la comunidad cristiana.
Todos los demás mandamientos no tienen por sí mismos vigencia alguna, sino sólo en la medida en que coin­ciden, concretan o explicitan el mandamiento nuevo.
Según el evangelio, se conoce a un cristiano no porque cumple los mandamientos de Moisés o los de la Iglesia, sino porque ama a sus semejantes al estilo de Jesús, porque está dispuesto a entregar la vida para que sea posible un mundo nuevo.

Celebrar la Pascua de Jesús implica cambiar de vida para vivir el mandamiento nuevo, el estilo de Jesús: Un amor de entrega y de servicio.
Celebrar la Pascua de Jesús significa dejar atrás el estilo viejo, centrado en leyes y tradiciones y poner la mirada en Jesús.
Celebrar la Pascua de Jesús significa luchar por un cielo nuevo y una nueva tierra en los que resplandezca la justicia, la paz y el amor de entrega y servicio
Abril 23 2016
Cosme Carlos Ríos




sábado, 16 de abril de 2016

Escuchar a Jesús y seguirlo

Los cristianos hemos buscado como fuente de espiritualidad, la oración y poco o nada de tiempo dedicamos a escuchar de viva voz las enseñanzas de Jesús, el Buen Pastor.
Nuestra vida cristiana está tejida de una serie de prácticas religiosas, pero no tiene como tinte la misericordia que fue el rumbo que  siguió Jesús en toda su vida.

Los pastores Pablo y Bernabé, invitados en la sinagoga a tomar la palabra, proclaman a Jesús como salvador de todos los hombres y esto provoca una violenta reacción de parte de los judíos frente a ellos.
Pablo declara que el mensaje de salvación debía se predicado en primer lugar a los judíos, pero tomando en cuenta que lo rechazan, Pablo y Bernabé toman la decisión de llevarlo a los no judíos.
El libro del Apocalipsis nos presenta una visión: una multitud inmensa, universal ante el trono (del Padre) y el Cordero degollado y en pie (Jesús muerto y resucitado)
Esta multitud está formada por aquellos que habiéndose hecho seguidores de Jesús, fueron sacrificados por proseguir su causa.
El Cordero, Jesús es quien los pastoree y les concede la plenitud de la vida y les enjuga toda lágrima.
Para comprender el texto del Evangelio de hoy conviene tomar en cuenta que los jerarcas político-religiosos de Israel habían esclavizado al pueblo, dominándolo por medio del miedo a Dios.
La escena que se nos presenta es tensa y conflictiva. Jesús está paseando dentro del recinto del templo. De pronto, un grupo de judíos lo rodea acosándolo con aire amenazador.
Jesús no se intimida, sino que les reprocha abiertamente su falta de fe: «Ustedes no creen porque no son ovejas mías». El evangelista dice que, al terminar de hablar, los judíos tomaron piedras para apedrearlo.
Para probar que no son ovejas suyas, Jesús se atreve a explicarles qué significa ser de los suyos. Solo subraya dos rasgos, los más esenciales e imprescindibles: «Mis ovejas escuchan mi voz… y me siguen».
Lo primero es despertar la capacidad de escuchar a Jesús. Desarrollar mucho más en nuestras comunidades la sensibilidad de saber captar la Palabra que viene de Jesús.
Si queremos mantener una fé auténtica, hemos de aprender a poner en el centro de nuestras comunidades la Palabra viva, concreta e inconfundible de Jesús, nuestro Pastor.
Pero no basta escuchar su voz. Es necesario seguir a Jesús. Ha llegado el momento de decidirnos a vivir la fe cristiana como un verdadero seguimiento de Jesús.

Después de veinte siglos, los cristianos necesitamos recordar de nuevo que lo esencial para ser la Iglesia de Jesús es escuchar su voz y seguir sus pasos.
Las ovejas precisamente porque  siguen a Jesús, tienen que ser personas libres, adultas, que saben escuchar y que han tenido que responder responsablemente a un mensaje que les asegura definitivamente la vida.
Estas as ovejas  son la nueva humanidad, la semilla de un mundo nuevo en el que, si tiene que haber pastores, tendrán que serlo al estilo de Jesús.

Escuchar a Jesús hoy implica antes que nada poner el oído atento al clamor de aquellos que sufren porque no es respetada su dignidad humana.
Escuchar a Jesús hoy implica, leer, meditar y proclamar el Evangelio de modo que ilumine nuestra vida y transforme nuestra realidad
Escuchar a Jesús hoy implica promover la lectura del Evangelio promoviendo talleres y círculos bíblicos.
Seguir a Jesús, hoy implica la práctica permanente de la misericordia para con los que sufren a nuestro alrededor
Cosme Carlos Ríos
Abril 16 del 2016



sábado, 9 de abril de 2016

Vivir la Pascua defendiendo la vida

Hablamos mucho de la resurrección de Jesús, pero nuestro  anuncio no molesta a nadie, como en los días de la primera de la comunidad cuando predicar la Resurrección implicaba una fuerte denuncia de los que asesinaron al Cristo.
Enfatizamos el discurso, el rollo y perdemos de vista que el primer medio de evangelización es el testimonio de nuestra propia vida, en defensa de la vida y en lucha contra lo que causa muerte.
Nos quejamos de que, cada vez somos menos los servidores en las comunidades y no hacemos esfuerzos por buscar, escuchar y actualizar las orientaciones del Pastor de pastores.
Muchos pastores, de distinto nivel aspiramos a tener un puesto, pero hacemos poco caso de que para serlo necesitamos amar a Jesús más que los demás, 

El libro de los Hechos nos presenta hoy el conflicto que viven los discípulos de Jesús que son llevados ante el sumo sacerdote, cabeza del sanedrín, tribunal supremo de los judíos de la época.
Resalta la entereza con que declaran: “Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres” y añaden con firmeza: “El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús a quien ustedes dieron muerte colgándolo de la cruz.
Continúa afirmando: “Nosotros somos testigos de todo esto y también lo es el Espíritu Santo.
Los biblistas actuales consideran que el capítulo 21 de San Juan es un texto añadido al Evangelio y que debe ser interpretado más en sentido catequético que narrativo.
Encontramos 4 partes: 1. Pedro decide ir a pescar, los demás deciden ir con él y fracasan en su afán. 2 Al amanecer se hace presente Jesús y les da indicaciones para pescar, logrando una pesca abundante. 3. Jesús les ofrece un almuerzo con pescado y pan sobre las brasas, 4. Jesús pregunta a Pedro por tres veces si lo ama, a lo que Pedro responde que sí y entonces Jesús le confía el encargo de pastorear.
En Israel, la pesca, y el pastoreo son signo de la acción de Dios. Cuando los discípulos pretenden pescar durante la noche, sin Jesús, que es la luz, la empresa de pescar fracasa.
Con la presencia de Jesús, al amanecer, y bajo su orientación se obtiene una pesca abundante.
Hoy como ayer, el almuerzo (la comida) es el espacio de la fraternidad, de la comunidad, del compartir.
Al proponer a alguien para una tarea pastoral o al aceptar un compro miso pastoral tenemos que preguntarnos ¿qué tanto es nuestro amor a Jesús, a su persona, a su palabra, a su proyecto?

Creer en la Resurrección, celebrar la Pascua, exige de nosotros un testimonio, una vida en defensa de la vida y en lucha contra todo lo que causa muerte.
Creer en la Resurrección, celebrar la Pascua, exige de nosotros la disponibilidad de obedecer primero a Dios que a los hombres y luchar para que las órdenes y leyes humanas busquen viva para todos.
Creer en la Resurrección, celebrar la Pascua. exige de nosotros no estancarnos en hacer nuestro trabajo pastoral de rutina, sino de buscar siempre las orientaciones de Jesús hoy, en concreto, actualizar nuestros conocimientos y nuestra práctica.
Creer en la Resurrección, celebrar la Pascua. exige de nosotros trabajar para que nuestros ambientes familiares y eclesiales sean espacio de fraternidad, de comunidad y de compartir.
Creer en la Resurrección, celebrar la Pascua, exige de nosotros anteponer el amor a Jesús (su persona, su palabra, su proyecto) a la búsqueda o aceptación de responsabilidades.
Cosme Carlos Ríos
Abril 09 2016



sábado, 12 de marzo de 2016

CUARESMA TIEMPO PARA LIBERAR A LOS CAUTIVOS

CUARESMA: TIEMPO PARA LIBERAR A LOS CAUTIVOS.

Hoy, como ayer. tenemos muchos cautiverios: vivimos encerrados en nuestro individualismo que nos impide abrirnos a los demás.
Los duros trabajos de las empresas nos agotan y nos impiden el descanso y el disponer de tiempo para nuestra salud y recreación e incluso para rendir culto a Dios  
Además, los vicios y las drogas nos mantienen atados a un estilo de vida que nos impide llevar una vida verdaderamente humana.
Los condicionamientos sociales, sobre todo los medios de comunicación social, y la forma en que se mueve el comercio nos van haciendo esclavos de un estilo de vida que no es lo que nos ayuda a vivir en libertad

Los biblistas actuales consideran que el capítulo 43, del que tomamos el pasaje de hoy, corresponde al llamado segundo Isaías o Deutero-Isaías que es el autor de los capítulos del 40 al 55.
Este profeta actúa durante el destierro en Babilonia y es llamado El profeta Evangelista, porque su profecía constituye un mensaje de consuelo y esperanza para los desterrados.
Los desterrados eran personas de la élite judía: miembros de la corte, militares de alto rango, sacerdotes del templo de Jerusalén y personas económicamente pudientes.
Durante el destierro vivían en campamentos, y perdieron su excelente posición económica, social, política y religiosa, por lo que entraron en una profunda crisis de fé, considerando que Yahvé los había abandonado
El profeta acompañó a los desterrados, les hizo ver que Dios no los había abandonado y les mostró las señales de Dios que invitaban a organizarse para regresar a la patria.
El Éxodo significó para los teólogos israelitas el acontecimiento que expresa al máximo la acción salvadora de Yahvé: El paso de la opresión y la esclavitud, a la tierra prometida.
En este pasaje, por medio de símbolos, el profeta invita al pueblo a fijarse en lo nuevo que Yahvé está realizando en ese momento, pues el fin del cautiverio será una acción liberadora superior a la del Éxodo.
En el evangelio de San  Lucas leemos: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. El me envió…  a anunciar la liberación a los cautivos y… a dar la libertad a los oprimidos.
La opresión y cautiverio que vive el pueblo en tiempo de Jesús son diferentes: El pueblo vive esclavo de un legalismo que les impide tener una vida digna.
Los encargados de interpretar la Ley de Moisés lo hacen en su propio beneficio y atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás.
En general, la víctima principal es la mujer fértil que mensualmente tiene que pagar por su purificación.
En el texto que leemos hoy nos dice que: Los escribas y fariseos trajeron a una mujer tomada en adulterio y, poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante delito de adulterio. En la Ley nos ordena Moisés apedrear a éstas; tú ¿qué dices?"
A ellos no les interesa el cumplimiento de la Ley, sino el hacer caer a Jesús en una trampa, pues el texto que utilizan dice así: (Deut 22:22)  Si se sorprende a un hombre acostado con una mujer casada, morirán los dos; el hombre que estaba acostado con la mujer, y también ella.
Jesús libera a la mujer y al pueblo del cautiverio del legalismo, actuando con misericordia y ofreciendo la oportunidad para dejar la esclavitud para no volver al mismo pecado

Vivir la Cuaresma hoy, implica para nosotros, en colaboración con Jesús, luchar por nuestra libertad, quitándonos todo lo que nos impide tener una vida verdaderamente digna.
Vivir la Cuaresma hoy, implica para nosotros entendernos como miembros de una Iglesia y de una sociedad, dispuestos a no encerrarnos en nuestro individualismo, sino a trabajar también por los demás.
Vivir la Cuaresma hoy, implica para nosotros no dejarnos encadenar por las propuestas del mercado y ser capaces de tomar decisiones, de comprar las cosas que necesitamos para la vida.
 Vivir la Cuaresma hoy, implica para nosotros entender a los hermanos que viven cautivos de las drogas y ayudarlos a luchar por una vida digna.
Y todo esto, no porque seamos los mejores, ni para llamar la atención sino para vivir la misericordia de Jesús
Cosme Carlos Ríos
Marzo 05 del 2016  


sábado, 20 de febrero de 2016

Cuaresma, tiempo de subir a la montaña
Para escuchar la voz del Padre
Para muchos cristianos la Cuaresma es un tiempo en el que comemos cosas distintas, rezamos del via-Crucis; pero son pocos los creyentes que entienden que este tiempo es un camino, algo progresivo que nos conduce a la Pascua, la vida nueva de Jesús.

El tema de la Alianza es el corazón del primer Testamento; esto se refiere a la alianza que Dios pacto con aquellos que, habiendo salido de la esclavitud de Egipto, se comprometen con Dios a colaborar en su proyecto de una sociedad si tributos ni trabajos forzados.
Más tarde del hecho del Sinaí (Horeb) los teólogos de Israel, presentarán el origen de la Alianza en la persona de Abraham, padre  del pueblo, como se refleja en el texto que leemos, hoy.
Dios elige a Abraham, no como alguien privilegiado, sino como raíz de un pueblo que será instrumento de salvación para todos los pueblos.
En un ambiente de culto, Dios hace Alianza con Abraham.
Para entender el pasaje del Evangelio de Lucas que se nos propone hoy, es necesario ubicarlo en el momento de crisis que están viviendo los discípulos, en particular los más cercanos a Jesús.
Cuando Jesús los llamó las multitudes rodeaban a Jesús y daba la impresión que sus colaboradores se hacían la ilusión de que ellos, con él tendrían grandes éxitos.
Pero, movido por la misericordia, pensando en el bien de la gente, para cuyo beneficio es la Ley, Jesús rompió algunas normas del sábado y algunas leyes de pureza.
Esta actitud de Jesús provoca las iras de los hombres del sistema religioso, que no pierden oportunidad para desacreditarlo. Y esto propicia que disminuya el grupo de los seguidores de Jesús.
Viendo Jesús la situación, prevé la muerte que le espera como la de los antiguos profetas, y lo manifiesta a sus discípulos, que no logran entender el proyecto de Jesús y que se van llenando de miedo.
Este pasaje además utiliza mucho simbolismo: El monte es lugar de encuentro con Dios”. Ahí lo experimentaron Moisés y Elías.
Estos: “Moisés y Elías” representan la tradición religiosa de Israel transmitida en la Ley y los Profetas.
La nube es signo de la presencia de Dios en vistas a la salvación: es símbolo (irreconocible) de la gloria de Dios.
Podemos decir que: En un momento de crisis de sus discípulos, que no aceptan un Jesús rechazado, perseguido y sufriente, Jesús invita a los más cercanos a Él a vivir una experiencia de Dios, meditando la Escritura.
En el encuentro con Dios, en la meditación de la Ley y los profetas los discípulos ven el rostro transfigurado de Jesús como los israelitas vieran el rostro de Moisés (Éxodo 34, 29-30).

Esta meditación les revela, un nuevo rostro de Jesús, que, por encima del conflicto y las contradicciones, es el Hijo amado del Padre, de cuya palabra es portavoz.
Los discípulos no se pueden quedar en la contemplación de la gloria de Jesús: tienen que bajar del monte para seguir aprendiendo de Jesús y colaborando con Él.

Vivir la Cuaresma hoy, nos compromete a encontrarnos con Dios en un ambiente de oración (no de rezo), un diálogo de amor, para que, a la luz de la Escritura podamos redescubrir el rostro misericordioso y sufriente de Jesús
Febrero 20 del 2016
Cosme Carlos Ríos