Celebramos hoy el día internacional del migrante. La migración es un fenómeno muy antiguo del ser humano en busca de mejores condiciones de vida.
Los migrantes, en particular los de Centroamérica, en su caminar sufren, cansancio, hambre, sed, son víctimas de las policías injustas y del menosprecio de parte de personas con prejuicios étnicos y morales.
Por lo general los migrantes dejan a su familia, que queda a cargo de la madre, que sufre grandes dificultades para mantener ella sola y educar a sus hijos
Hoy en día la migración es provocada por el sistema económico político imperante, que al buscar como norma la ganancia, promueve la creación de fuentes de trabajo que favorezcan los intereses de los grupos de poder y en perjuicio de las grandes mayorías.
Como fruto de la compasión mostrada por Jesús de Nazaret, han ido apareciendo en nuestro país diferentes casas del Migrante; hay también algunos comedores para ellos.
El libro del Deuteronomio fue terminado después de que los israelitas vivieron la experiencia del destierro en Babilonia y quiere servir como base para reconstruir el pueblo y la comunidad creyente.
Los Deuteronomistas, autores de este libro insisten en la importancia de la ley de Dios e invitan a guardar con fidelidad los mandatos y preceptos del Señor.
El salmo 14 nos manifiesta el núcleo central de esta ley al presentarnos como modelo al hombre que procede honradamente, al que busca la justicia, al que tiene intenciones leales y no hace mal a su prójimo, al que no presta a usura ni se deja sobornar.
Además de estas leyes que buscan la vida del ser humano se fueron introduciendo en el pueblo de Israel costumbres y tradiciones, relacionadas con normas de pureza, que buscan la identificación como pueblo y que producen actitudes excluyentes y que marginan.
Los fariseos eran un grupo de gente separada, que practicaban mucho estas tradiciones. Los escribas, por su parte eran la gente letrada y maestros de los fariseos
Un grupo de ellos se acerca a Jesús para reclamarle que sus discípulos no respetan las tradiciones, ya que comen sin lavarse las manos.
Cabe observar que si en Jerusalén hay agua suficiente para andarse lavando, no sucede lo mismo en los poblados de Galilea y también que los discípulos de Jesús han aprendido del Maestro a detectar qué es lo que en verdad agrada a Dios.
Jesús responde con un reproche tomado del profeta Isaías que hace notar que se está dando importancia a lo exterior y se está descuidando la pureza del corazón.
Reclama también que los fariseos y los escribas dan importancia a las costumbres y tradiciones de los hombres, mientras descuidan el mandato de Dios.
Jesús invita a sus oyentes a cultivar la verdadera pureza preocupándose por la limpieza del corazón de donde brota el amor, la justicia, la verdad, la solidaridad, la paz.
Tener limpio nuestro corazón hoy implica amar a los migrantes y esforzarnos por conocer las causas que los ponen en esa situación.
Tener limpio nuestro corazón hoy implica luchar contra todas las actitudes que nacen de prejuicios ante los extranjeros que nos inducen a tratarlos como criminales.
Tener limpio nuestro corazón hoy implica significa trabajar para que haya leyes que protejan y defiendan a las personas que por distintos motivos se ven forzados a emigrar de su tierra.
Tener limpio nuestro corazón hoy implica ser solidarios con el esfuerzo que realizan entre nosotros las Casas del Migrante, eso incluye nuestra visita a las Casas del Migrante, nuestro apoyo económico o en especie.
La más próxima a nosotros es la Casa Nicolás, ubicada en Serafín Peña y Francisco Villa en la Colonia Guadalupe Victoria en Guadalupe, N. L.
Una felicitación sincera a las casas del Migrante
CCR
Buscar este blog
Buscar este blog
sábado, 1 de septiembre de 2012
sábado, 25 de agosto de 2012
Permanecer fieles a Jesús y a su comunidad
Muchas personas están abandonando la Iglesia, muchas otras están insatisfechas y dejan de participar en las celebraciones dominicales.
Asimismo muchas personas abandonan el trabajo pastoral o lo realizan sólo por cumplir, con pocas ganas.
Ha bajado el número de personas que integran los grupos de nuestras parroquias.
Hay muchas personas que trabajaron por un mundo más justo y humano que están desalentadas y muchos otros han abandonado la causa.
Con frecuencia se quejan de los dirigentes o del ambiente que hay en las comunidades y en los grupos.
No podemos negar que con frecuencia las respuestas que damos como Iglesia no son Buena noticia, actuamos con regaños o no damos respuesta a los anhelos y necesidades de la gente.
Los hebreos de la primera lectura de hoy han pasado por diferentes etapas religiosas: en la época de los patriarcas, gente nómada, rindieron culto a El, padre de los dioses.
En Egipto en medio de la idolatría promovida por el faraón descubrieron a Yahvé el Dios que libera de la esclavitud y promete una tierra sin tributos ni trabajos forzados.
En el desierto, camino a la tierra prometida, hicieron Alianza con Yahvé que los protegió de las inclemencias y los ayudó a organizarse para entrar en la tierra prometida.
Ahora, a punto de tomar posesión de la tierra están rodeados de pueblos que tienen otra experiencia religiosa.
Josué, continuador de la obra de Moisés, les lanza un reto para que definan cuál va a ser la experiencia religiosa que vivirán en la tierra de la promesa.
Junto con Josué, el pueblo hace la opción por Yahvé el Dios de la libertad y de la igualdad.
Jesús de Nazaret, como nuevo Moisés, promoviendo la solidaridad provee de alimento a los que lo siguen.
El, mismo ofrece su cuerpo, su humanidad, como pan de vida para que tengamos vida en abundancia.
A muchos les parece dura la palabra, el proyecto de Jesús, murmuran y se apartan de Jesús y de su proyecto de vida.
Jesús se vuelve a sus discípulos y los invita a que decidan si ellos también se van o quieren permanecer fieles a pesar de que el grupo de seguidores es más pequeño.
El evangelista pone en labios de Pedro la respuesta: “Señor ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y reconocido que Tú eres el Santo de Dios.”
Permanecer fieles a Jesús implica leer, meditar, profundizar y hacer vida las enseñanzas del maestro nazaretano.
Permanecer fieles a Jesús implica estar abiertos al dolor del pueblo sobre todo de los pequeños y marginados.
Permanecer fieles a Jesús implica ser Buena Noticia para todos, respetar a todos, evitar regaños, llevar siempre consuelo y esperanza. Permanecer fieles a Jesús implica ayudar a la organización del pueblo, a que todos crezcan de una manera integral, sin dependencias y a vivir en libertad
Hagamos propuestas para mantenernos en esta fidelidad
CCR
Asimismo muchas personas abandonan el trabajo pastoral o lo realizan sólo por cumplir, con pocas ganas.
Ha bajado el número de personas que integran los grupos de nuestras parroquias.
Hay muchas personas que trabajaron por un mundo más justo y humano que están desalentadas y muchos otros han abandonado la causa.
Con frecuencia se quejan de los dirigentes o del ambiente que hay en las comunidades y en los grupos.
No podemos negar que con frecuencia las respuestas que damos como Iglesia no son Buena noticia, actuamos con regaños o no damos respuesta a los anhelos y necesidades de la gente.
Los hebreos de la primera lectura de hoy han pasado por diferentes etapas religiosas: en la época de los patriarcas, gente nómada, rindieron culto a El, padre de los dioses.
En Egipto en medio de la idolatría promovida por el faraón descubrieron a Yahvé el Dios que libera de la esclavitud y promete una tierra sin tributos ni trabajos forzados.
En el desierto, camino a la tierra prometida, hicieron Alianza con Yahvé que los protegió de las inclemencias y los ayudó a organizarse para entrar en la tierra prometida.
Ahora, a punto de tomar posesión de la tierra están rodeados de pueblos que tienen otra experiencia religiosa.
Josué, continuador de la obra de Moisés, les lanza un reto para que definan cuál va a ser la experiencia religiosa que vivirán en la tierra de la promesa.
Junto con Josué, el pueblo hace la opción por Yahvé el Dios de la libertad y de la igualdad.
Jesús de Nazaret, como nuevo Moisés, promoviendo la solidaridad provee de alimento a los que lo siguen.
El, mismo ofrece su cuerpo, su humanidad, como pan de vida para que tengamos vida en abundancia.
A muchos les parece dura la palabra, el proyecto de Jesús, murmuran y se apartan de Jesús y de su proyecto de vida.
Jesús se vuelve a sus discípulos y los invita a que decidan si ellos también se van o quieren permanecer fieles a pesar de que el grupo de seguidores es más pequeño.
El evangelista pone en labios de Pedro la respuesta: “Señor ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. Nosotros hemos creído y reconocido que Tú eres el Santo de Dios.”
Permanecer fieles a Jesús implica leer, meditar, profundizar y hacer vida las enseñanzas del maestro nazaretano.
Permanecer fieles a Jesús implica estar abiertos al dolor del pueblo sobre todo de los pequeños y marginados.
Permanecer fieles a Jesús implica ser Buena Noticia para todos, respetar a todos, evitar regaños, llevar siempre consuelo y esperanza. Permanecer fieles a Jesús implica ayudar a la organización del pueblo, a que todos crezcan de una manera integral, sin dependencias y a vivir en libertad
Hagamos propuestas para mantenernos en esta fidelidad
CCR
sábado, 18 de agosto de 2012
Nueva Pascua, nuevo Cordero, nuevo Éxodo
Nuestras celebraciones de la Eucaristía poco tienen de festivas, falta la alegría, la convivencia, la fraternidad, dan la impresión de que la gente no entiende ni vive lo que estamos celebrando.
Pocas personas participan consciente, activa y piadosamente en la celebración, y se da una marcada distinción entre los que están cerca del celebrante y el resto de la comunidad.
No hay un esfuerzo que nos impulse a salir de las esclavitudes de hoy.
La Pascua judía era una fiesta, era memorial y actualización de una acción salvífica de Dios: El éxodo de la esclavitud en Egipto y el comienzo de un camino hacia la libertad e igualdad
En el hecho histórico los hebreos comieron la carne de un cordero que les fortaleció para el camino en busca de la igualdad y libertad
Cuando celebramos la Cena del Señor (Misa) estamos haciendo una fiesta, estamos haciendo memorial y actualización de la Muerte y Resurrección de Jesús, de su entrega a la causa del Reino.
En la Cena del Señor comemos el cuerpo de Jesús y bebemos su sangre
Beber la sangre del Señor en la Cena significa dejarnos limpiar de todo lo que va en contra del Reinado de Dios: las desigualdades, las injusticias, el desprecio por los pobres.
Comer el cuerpo de Jesús en la Cena significa alimentarnos, asimilar su vida, su enseñanza, su proyecto.
Actualizar la Cena de Jesús significa renovar nuestro compromiso con la causa de Jesús: El Reinado de Dios, vivir y luchar por un mundo de amor, de justicia, de paz y de verdad
Seguir a Jesús, la nueva Pascua, implica un esfuerzo para que nuestras celebraciones sean una fiesta en la que se da la alegría, la convivencia, la fraternidad.
Seguir a Jesús, la nueva Pascua, implica un esfuerzo para que nuestras celebraciones sean comprendidas por todos los que asistan a ellas, a fin de que todos podamos vivir la fiesta
Seguir a Jesús, la nueva Pascua, implica un esfuerzo para que nuestras celebraciones estén orientadas a liberarnos de las esclavitudes de hoy.
Comer hoy a Jesús, el nuevo cordero, implica llevar una vida de entrega a la causa de los pobres y marginados.
Beber hoy la sangre de Jesús, el nuevo cordero, implica un esfuerzo permanente para irnos limpiando de nuestro egoísmo, ambición, ansias de poder.
Seguir a Jesús, el nuevo éxodo, implica el esfuerzo por salir de nuestra indiferencia, nuestro conformismo, nuestra apatía y desinterés por los demás.
Seguir a Jesús, el nuevo éxodo, implica el esfuerzo por caminar, hacia la igualdad y libertad tanto en la vida personal como en lo social. Comentarios, críticas, sugerencias
CCR
sábado, 11 de agosto de 2012
Jesús pan de vida para vivir la justicia y la solidaridad
Los migrantes, en particular los centroamericanos que pasan por nuestro país son víctimas frecuentes de las policías corruptas, de los maleantes comunes y del crimen organizado.
Las casas del migrante ofrecen abrigo y alimento a estas personas y como consecuencia son también víctimas de estas agresiones
Mucha gente habla mal de las casas del migrante y consideran que es un apoyo a extranjeros de dudosa moralidad y de este modo se abstienen de colaborar en la obra de la solidaridad con ellos.
El trabajo en las minas, sobre todo en las minas de carbón, es un trabajo de mucho riesgo que ha costado varias en la región carbonífera muy próxima a la nuestra
Los que reclaman justicia en nombre de Dios, para los que perecieron en estas minas, reciben poco apoyo, poca respuesta y se les considera agitadores.
El compromiso con la justicia y la solidaridad, como valores del Reino de Dios exige una fuerte lucha y una fuerte mística.
Las murmuraciones en la biblia significan resistencia, oposición u abandono del compromiso con el proyecto de Dios.
Así lo manifiesta el pueblo en el desierto cuando, al sentir la dureza del camino y del compromiso con Yahvé, le reclaman a Moisés que estaban mejor en Egipto donde eran esclavos.
Por medio de Moisés, Dios les da el maná que va reforzando el compromiso con el proyecto de Yahvé: la lucha por una tierra de justicia y libertad. El profeta Elías, después de luchar en defensa de los campesinos es perseguido por la Reina Jezabel y se interna en el desierto de camino hacia el monte de Dios.
El hambre y el cansancio le provocan el desaliento, pero por medio de su mensajero, Dios da a Elías pan y agua y de esta forma recupera la mística, su compromiso de seguir luchando por la defensa de los campesinos.
En el evangelio, los judíos, como hicieron sus padres, protestan contra el proyecto de Dios que aparece en las palabras de Jesús, y niegan, rechazan a Jesús que se ofrece como pan de vida. El pretexto porque es el hijo de José
Para el proyecto del Reino, el Padre ofrece otro pan, ahora a todos los hombres, que garantiza una vida de una calidad nueva, una vida plena, una vida de fraternidad, de igualdad, de justicia y libertad.
Para conseguir esa vida hay que comer de ese pan, esto es, hay que asimilarse al Hombre, Jesús, que se ofrece como pan, hay que comprometerse con El, en la lucha, para lograr la justicia y la solidaridad.
Hay que vivir el compromiso de luchar por la igualdad, la justicia, la fraternidad y la libertad.
Jesús será para nosotros pan de vida si abrimos nuestro hogar a los niños de los vecinos, cuyos papás están fuera de casa, sin importar la religión o la situación moral.
Jesús será para nosotros, pan de vida si comenzamos a interesarnos y a organizarnos para hacer frente a los problemas de los niños de la calle.
Jesús será para nosotros pan de vida si comenzamos a interesarnos y a organizarnos para hacer frente a los problemas que viven las personas que vienen de fuera y tienen a un enfermo grave y que de ordinario no cuentan con medios para un albergue y alimentos suficientes.
Jesús será para nosotros pan de vida si comenzamos a interesarnos y a organizarnos para que en nuestras calles, nadie esté pasando hambre o viviendo su enfermedad en soledad
¿Qué otras cosas podemos hacer para vivir el compromiso que hacemos en cada Eucaristía? CCR
Las casas del migrante ofrecen abrigo y alimento a estas personas y como consecuencia son también víctimas de estas agresiones
Mucha gente habla mal de las casas del migrante y consideran que es un apoyo a extranjeros de dudosa moralidad y de este modo se abstienen de colaborar en la obra de la solidaridad con ellos.
El trabajo en las minas, sobre todo en las minas de carbón, es un trabajo de mucho riesgo que ha costado varias en la región carbonífera muy próxima a la nuestra
Los que reclaman justicia en nombre de Dios, para los que perecieron en estas minas, reciben poco apoyo, poca respuesta y se les considera agitadores.
El compromiso con la justicia y la solidaridad, como valores del Reino de Dios exige una fuerte lucha y una fuerte mística.
Las murmuraciones en la biblia significan resistencia, oposición u abandono del compromiso con el proyecto de Dios.
Así lo manifiesta el pueblo en el desierto cuando, al sentir la dureza del camino y del compromiso con Yahvé, le reclaman a Moisés que estaban mejor en Egipto donde eran esclavos.
Por medio de Moisés, Dios les da el maná que va reforzando el compromiso con el proyecto de Yahvé: la lucha por una tierra de justicia y libertad. El profeta Elías, después de luchar en defensa de los campesinos es perseguido por la Reina Jezabel y se interna en el desierto de camino hacia el monte de Dios.
El hambre y el cansancio le provocan el desaliento, pero por medio de su mensajero, Dios da a Elías pan y agua y de esta forma recupera la mística, su compromiso de seguir luchando por la defensa de los campesinos.
En el evangelio, los judíos, como hicieron sus padres, protestan contra el proyecto de Dios que aparece en las palabras de Jesús, y niegan, rechazan a Jesús que se ofrece como pan de vida. El pretexto porque es el hijo de José
Para el proyecto del Reino, el Padre ofrece otro pan, ahora a todos los hombres, que garantiza una vida de una calidad nueva, una vida plena, una vida de fraternidad, de igualdad, de justicia y libertad.
Para conseguir esa vida hay que comer de ese pan, esto es, hay que asimilarse al Hombre, Jesús, que se ofrece como pan, hay que comprometerse con El, en la lucha, para lograr la justicia y la solidaridad.
Hay que vivir el compromiso de luchar por la igualdad, la justicia, la fraternidad y la libertad.
Jesús será para nosotros pan de vida si abrimos nuestro hogar a los niños de los vecinos, cuyos papás están fuera de casa, sin importar la religión o la situación moral.
Jesús será para nosotros, pan de vida si comenzamos a interesarnos y a organizarnos para hacer frente a los problemas de los niños de la calle.
Jesús será para nosotros pan de vida si comenzamos a interesarnos y a organizarnos para hacer frente a los problemas que viven las personas que vienen de fuera y tienen a un enfermo grave y que de ordinario no cuentan con medios para un albergue y alimentos suficientes.
Jesús será para nosotros pan de vida si comenzamos a interesarnos y a organizarnos para que en nuestras calles, nadie esté pasando hambre o viviendo su enfermedad en soledad
¿Qué otras cosas podemos hacer para vivir el compromiso que hacemos en cada Eucaristía? CCR
sábado, 4 de agosto de 2012
Comer a Jesús es alimentarse de su proyecto
Muchos cristianos asisten a la celebración de la Cena del Señor, pero por distintos motivos no comulgan.
Otros participan en el banquete buscando fuerza para la vida diaria pero sin comprometerse con el proyecto de Jesús.
Ayer y hoy el alimento es indispensable para continuar nuestra vida, nuestro camino y nuestros proyectos.
El profeta Elías, perseguido a muerte por la reina Jezabel, emprende una especie de peregrinación hacia el monte donde se estableció la alianza entre Yahvé e Israel
En el caminar le invade el hambre, el cansancio y el desaliento y se queda dormido. El mensajero de Dios lo despierta y le ofrece alimento que le ayude a vencer el hambre el cansancio y el desaliento y pueda llegar a la meta.
A la gente que en el desierto comió pan hasta saciarse, Jesús la invita a ir más allá del egoísmo e individualismo y a que se abra a una nueva manera de vivir, buscando satisfacer también el hambre que tienen de verdad, de justicia, de igualdad y de fraternidad.
Jesús ofrece un alimento que dura para la vida eterna: Este alimento es el que Jesús, el hijo del hombre, nos dará porque él es el señalado y enviado por el Padre.
Jesús niega que haya sido Moisés quien alimentó al pueblo en el desierto con el pan del cielo, pues el pan del cielo es don del Padre. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Este pan es Jesús que sacia el hambre total de todo aquel que cree en él.
Comer a Jesús, pan de vida, significa alimentarse de su persona de su palabra de su proyecto.
El proyecto de Jesús se manifiesta en estos objetivos: 1. Vivir en comunidad (Mc 1,16-20) 2. Crecer con pedagogía liberadora (Mc 1,21-22) 3. Combatir el mal y darnos la vida (Mc 1,23-28). 4. Dignificar a la mujer (Mc 1,29-34)
5. Mantenerse unido al Padre con la oración (Mc 1,35) 6. Promover la misión y el ecumenismo (Mc 1,36-39) 7. Acoger a los marginados y liberarlos de las esclavitudes (Mc 1,40-45) 8. Desenmascarar la falsedad de los poderosos (Mc 2,1-12)
Comulgar con Jesús hoy, implica hacer nuestros la persona de Jesús, su palabra y su proyecto, para caminar con él hacia el logro de sus objetivos: Insistir en la vida y en la práctica comunitaria en la Catequesis, en los grupos, en las celebraciones y en la lucha por la justicia, la dignidad y los derechos humanos
Comulgar con Jesús hoy, implica trabajar por la igualdad de las personas evitando la competencia entre los diferentes, buscando caminos de respeto, de diálogo y colaboración.
Comulgar con Jesús hoy, implica trabajar por humanizar todos los espacios en que nos movemos y apoyar a los que luchan contra todo lo que deshumaniza a la persona.
Comulgar con Jesús hoy, implica trabajar para que cada mujer tenga el lugar de respeto e igualdad que le corresponde en la familia, en la Iglesia y en la sociedad.
Comulgar con Jesús hoy, implica quitar la máscara a las informaciones que nuestros gobernantes y los medios de comunicación dan al pueblo.
¿Qué otras implicaciones trae el comulgar con Jesús, hoy?
CCR
Otros participan en el banquete buscando fuerza para la vida diaria pero sin comprometerse con el proyecto de Jesús.
Ayer y hoy el alimento es indispensable para continuar nuestra vida, nuestro camino y nuestros proyectos.
El profeta Elías, perseguido a muerte por la reina Jezabel, emprende una especie de peregrinación hacia el monte donde se estableció la alianza entre Yahvé e Israel
En el caminar le invade el hambre, el cansancio y el desaliento y se queda dormido. El mensajero de Dios lo despierta y le ofrece alimento que le ayude a vencer el hambre el cansancio y el desaliento y pueda llegar a la meta.
A la gente que en el desierto comió pan hasta saciarse, Jesús la invita a ir más allá del egoísmo e individualismo y a que se abra a una nueva manera de vivir, buscando satisfacer también el hambre que tienen de verdad, de justicia, de igualdad y de fraternidad.
Jesús ofrece un alimento que dura para la vida eterna: Este alimento es el que Jesús, el hijo del hombre, nos dará porque él es el señalado y enviado por el Padre.
Jesús niega que haya sido Moisés quien alimentó al pueblo en el desierto con el pan del cielo, pues el pan del cielo es don del Padre. El pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo.
Este pan es Jesús que sacia el hambre total de todo aquel que cree en él.
Comer a Jesús, pan de vida, significa alimentarse de su persona de su palabra de su proyecto.
El proyecto de Jesús se manifiesta en estos objetivos: 1. Vivir en comunidad (Mc 1,16-20) 2. Crecer con pedagogía liberadora (Mc 1,21-22) 3. Combatir el mal y darnos la vida (Mc 1,23-28). 4. Dignificar a la mujer (Mc 1,29-34)
5. Mantenerse unido al Padre con la oración (Mc 1,35) 6. Promover la misión y el ecumenismo (Mc 1,36-39) 7. Acoger a los marginados y liberarlos de las esclavitudes (Mc 1,40-45) 8. Desenmascarar la falsedad de los poderosos (Mc 2,1-12)
Comulgar con Jesús hoy, implica hacer nuestros la persona de Jesús, su palabra y su proyecto, para caminar con él hacia el logro de sus objetivos: Insistir en la vida y en la práctica comunitaria en la Catequesis, en los grupos, en las celebraciones y en la lucha por la justicia, la dignidad y los derechos humanos
Comulgar con Jesús hoy, implica trabajar por la igualdad de las personas evitando la competencia entre los diferentes, buscando caminos de respeto, de diálogo y colaboración.
Comulgar con Jesús hoy, implica trabajar por humanizar todos los espacios en que nos movemos y apoyar a los que luchan contra todo lo que deshumaniza a la persona.
Comulgar con Jesús hoy, implica trabajar para que cada mujer tenga el lugar de respeto e igualdad que le corresponde en la familia, en la Iglesia y en la sociedad.
Comulgar con Jesús hoy, implica quitar la máscara a las informaciones que nuestros gobernantes y los medios de comunicación dan al pueblo.
¿Qué otras implicaciones trae el comulgar con Jesús, hoy?
CCR
sábado, 28 de julio de 2012
Compartir y crear fraternidad
En el mundo actual hay unos mil millones de personas que apenas consiguen la alimentación necesaria para llevar una vida saludable y productiva.
El hambre es la enfermedad que causa más muertes: decenas de millares de niños cada día, decenas de millones de seres humanos cada año.
Aunque la pobreza tenga múltiples caras: la falta de medicamentos básicos, la falta de recursos o la falta de una vivienda digna, la primera de sus expresiones es el hambre.
Si el pueblo pasa hambre y necesidad, no es tanto por la falta de alimentos, sino por el egoísmo de los hombres y mujeres que, conformes con lo que tenemos, no nos importa que los demás pasen necesidad.
Entre nosotros también hay hambre pero no es muy visible, hace falta que abramos bien los ojos y el corazón para detectarlo. Hay abundancia de alimentos en nuestro mundo, lo que pasa es que están mal repartidos y buena parte se desaprovecha.
El profeta Eliseo vive en la época de los reyes de Israel: Acab, Joram, Ocozías y Jehú. En el país eran frecuentes las sequías que como consecuencia traían hambre para el pueblo pobre.
Al profeta, como a hombre de Dios, le presentan como primicias para Dios, veinte panes de cebada y trigo tierno. El profeta, consciente del hambre del pueblo, ordena que esto sea repartido entre la gente.
El hecho de repartir y compartir hace que el alimento alcance para todos.
Jesús de Nazareth viendo a la gente que lo seguía y dándose cuenta de que tienen hambre, le echa una tanteada a Felipe sobre la forma de enfrentar el problema.
El muchacho que tiene cinco panes y dos peces los pone a disposición de Jesús. Jesús después de hacer sentar a la gente, toma los panes, da gracias, los reparte y después de que todos han comido ordena que se recoja el sobrante para que no se desperdicie.
El gesto de compartir es un rasgo característico en la vida de las primeras comunidades que siguieron a Jesús.
Seguir hoy a Jesús que comparte implica nuestra disponibilidad para compartir, apoyando a las organizaciones que atienden a los necesitados de alimento, ropa y medicina.
Seguir hoy a Jesús que comparte implica luchar para que los que tienen o tenemos alimento en abundancia abramos los ojos y el corazón para descubrir a los que no tienen y trabajar para que se haga un reparto justo.
Seguir hoy a Jesús que comparte implica esforzarnos por no desperdiciar los alimentos que hay en nuestro hogar .
El hambre es la enfermedad que causa más muertes: decenas de millares de niños cada día, decenas de millones de seres humanos cada año.
Aunque la pobreza tenga múltiples caras: la falta de medicamentos básicos, la falta de recursos o la falta de una vivienda digna, la primera de sus expresiones es el hambre.
Si el pueblo pasa hambre y necesidad, no es tanto por la falta de alimentos, sino por el egoísmo de los hombres y mujeres que, conformes con lo que tenemos, no nos importa que los demás pasen necesidad.
Entre nosotros también hay hambre pero no es muy visible, hace falta que abramos bien los ojos y el corazón para detectarlo. Hay abundancia de alimentos en nuestro mundo, lo que pasa es que están mal repartidos y buena parte se desaprovecha.
El profeta Eliseo vive en la época de los reyes de Israel: Acab, Joram, Ocozías y Jehú. En el país eran frecuentes las sequías que como consecuencia traían hambre para el pueblo pobre.
Al profeta, como a hombre de Dios, le presentan como primicias para Dios, veinte panes de cebada y trigo tierno. El profeta, consciente del hambre del pueblo, ordena que esto sea repartido entre la gente.
El hecho de repartir y compartir hace que el alimento alcance para todos.
Jesús de Nazareth viendo a la gente que lo seguía y dándose cuenta de que tienen hambre, le echa una tanteada a Felipe sobre la forma de enfrentar el problema.
El muchacho que tiene cinco panes y dos peces los pone a disposición de Jesús. Jesús después de hacer sentar a la gente, toma los panes, da gracias, los reparte y después de que todos han comido ordena que se recoja el sobrante para que no se desperdicie.
El gesto de compartir es un rasgo característico en la vida de las primeras comunidades que siguieron a Jesús.
Seguir hoy a Jesús que comparte implica nuestra disponibilidad para compartir, apoyando a las organizaciones que atienden a los necesitados de alimento, ropa y medicina.
Seguir hoy a Jesús que comparte implica luchar para que los que tienen o tenemos alimento en abundancia abramos los ojos y el corazón para descubrir a los que no tienen y trabajar para que se haga un reparto justo.
Seguir hoy a Jesús que comparte implica esforzarnos por no desperdiciar los alimentos que hay en nuestro hogar .
sábado, 21 de julio de 2012
Compadecerse, preocuparse, conducir: Misión de los pastores
s
En nuestro pueblo los dirigentes (pastores) políticos se preocupan por las obras que dan impresión de la grandeza de nuestro pueblo, pero no manifiestan una preocupación grande por la vida de la gente, por el problema del desempleo con todas sus consecuencias, y el problema de la inseguridad pública.
Los líderes en el campo económico se preocupan de sus ganancias y sólo reparten al pueblo lo necesario para que puedan seguir viviendo al servicio del patrón.
Los pastores de Iglesia estamos preocupados por los templos y el esplendor del culto y no tanto por la vida y la salud de la gente: Tenemos una estructura importante para la economía y para la Liturgia, pero poco o casi nada destinamos a obras a favor de los más desfavorecidos.
Los padres de familia, agobiados por el desempleo y la carestía, salen de casa para obtener lo necesario para vivir, y los niños, muchas veces quedan abandonados.
En la época del profeta Jeremías (650-585 a. C.) la prepotencia y terquedad del rey y de su corte, de los militares y de los sacerdotes los llevó a negar los impuestos a Babilonia, confiados en que contarían con el apoyo del rey de Egipto.
Jeremías, un hombre sensato y pacifista, para evitar un enorme derramamiento de sangre. recomienda estratégicamente la sumisión a Babilonia.
La prepotencia y terquedad de los pastores de Israel, desoyendo la voz del profeta, condujo a una enorme masacre: Aniquilamiento del ejército, la destrucción total de Jerusalén y del templo, y la deportación a Babilonia de las personas notables en un número aproximado a 15, 000.
Antes de la guerra, en Judá había aproximadamente 200 mil habitantes y después de la guerra quedaron unos 100 mil, que sumados a los deportados nos hacen ver que en la guerra se perdieron alrededor de 85, 000 personas.
Es por ello que Jeremías arremete contra los pastores de Israel despreocupados por la gente y causantes de la masacre.
En el texto del Evangelio Jesús ha enviado a sus discípulos en misión y cuando regresan, escucha todo lo que habían hecho y enseñado y los invita a tomar un momento de vacación. Pero al desembarcar se encuentra con una multitud y se compadece de ellos porque se asemejan a ovejas que no tienen quien los guíe y se pone a enseñarles muchas cosas.
Quienes tenemos autoridad, quienes en cualquier nivel somos pastores, tenemos que vivir, como Jesús, ante todo la compasión que significa “Hacer nuestro el dolor de los demás” y por lo mismo tener cuidado de que todos tengan una vida digna.
Ser buen pastor en el terreno político significa preocuparnos porque todos tengamos un empleo digno y suficiente que nos permita tener una vida digna.
Ser pastor en la Iglesia, en cualquier nivel, significa preocuparnos por organizar nuestro trabajo buscando, como Jesús, el bienestar de los más desfavorecidos: la pastoral social por encima de la Liturgia y la economía en función de los más desamparados.
Ser pastor como Jesús, implica enseñar a la gente para que tome conciencia de sus necesidades, de la forma de resolverlas y los derechos que le corresponden.
Significa también para el pueblo, dejar a un lado sus propios intereses para buscar con los demás, en forma organizada, la solución de los problemas comunes.
Los líderes en el campo económico se preocupan de sus ganancias y sólo reparten al pueblo lo necesario para que puedan seguir viviendo al servicio del patrón.
Los pastores de Iglesia estamos preocupados por los templos y el esplendor del culto y no tanto por la vida y la salud de la gente: Tenemos una estructura importante para la economía y para la Liturgia, pero poco o casi nada destinamos a obras a favor de los más desfavorecidos.
Los padres de familia, agobiados por el desempleo y la carestía, salen de casa para obtener lo necesario para vivir, y los niños, muchas veces quedan abandonados.
En la época del profeta Jeremías (650-585 a. C.) la prepotencia y terquedad del rey y de su corte, de los militares y de los sacerdotes los llevó a negar los impuestos a Babilonia, confiados en que contarían con el apoyo del rey de Egipto.
Jeremías, un hombre sensato y pacifista, para evitar un enorme derramamiento de sangre. recomienda estratégicamente la sumisión a Babilonia.
La prepotencia y terquedad de los pastores de Israel, desoyendo la voz del profeta, condujo a una enorme masacre: Aniquilamiento del ejército, la destrucción total de Jerusalén y del templo, y la deportación a Babilonia de las personas notables en un número aproximado a 15, 000.
Antes de la guerra, en Judá había aproximadamente 200 mil habitantes y después de la guerra quedaron unos 100 mil, que sumados a los deportados nos hacen ver que en la guerra se perdieron alrededor de 85, 000 personas.
Es por ello que Jeremías arremete contra los pastores de Israel despreocupados por la gente y causantes de la masacre.
En el texto del Evangelio Jesús ha enviado a sus discípulos en misión y cuando regresan, escucha todo lo que habían hecho y enseñado y los invita a tomar un momento de vacación. Pero al desembarcar se encuentra con una multitud y se compadece de ellos porque se asemejan a ovejas que no tienen quien los guíe y se pone a enseñarles muchas cosas.
Quienes tenemos autoridad, quienes en cualquier nivel somos pastores, tenemos que vivir, como Jesús, ante todo la compasión que significa “Hacer nuestro el dolor de los demás” y por lo mismo tener cuidado de que todos tengan una vida digna.
Ser buen pastor en el terreno político significa preocuparnos porque todos tengamos un empleo digno y suficiente que nos permita tener una vida digna.
Ser pastor en la Iglesia, en cualquier nivel, significa preocuparnos por organizar nuestro trabajo buscando, como Jesús, el bienestar de los más desfavorecidos: la pastoral social por encima de la Liturgia y la economía en función de los más desamparados.
Ser pastor como Jesús, implica enseñar a la gente para que tome conciencia de sus necesidades, de la forma de resolverlas y los derechos que le corresponden.
Significa también para el pueblo, dejar a un lado sus propios intereses para buscar con los demás, en forma organizada, la solución de los problemas comunes.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)